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25 de mayo

 04:25  

Las ciudades tienen corazón, arterias, brazos y memoria. Si se les niega de raíz el derecho a la memoria ser convierten en fantasmas cubiertos de telas y mugre, en lugares fantasmales que no saben dónde vienen ni a dónde van mientras vagan por ese espectral mundo de la manipulación y la indiferencia.
Partiendo desde el mismo corazón de la ciudad y tomando una de sus arterias principales llegamos al Vial de los Cipreses, el último paseo, y desde allí al lugar donde los supervivientes guardan en cajas sus memorias.
Hay una parcela en el cementerio municipal de Alicante que no tiene lápidas ni nombres a pesar de que bajo sus terruños yacen cientos de alicantinos, muchos de los cuales (cerca de cuatrocientos); quedaron destrozados sobre el suelo del Mercado aquel 25 de mayo de 1938.
Fue prácticamente imposible identificar a la mayoría de ellos.
Fueron noventa bombas de las llamadas "revientamanzanas", es decir, de lo más rabiosamente destructoras; hicieron tres pasadas, la primera de reconocimiento y fijación de objetivos, la sirena no sonó, la segunda para parir muerte y ríos de sangre que bajaban por la rambla, la tercera de gracia por si quedaba alguien vivo. Los objetivos fueron fundamentalmente civiles, alejados de todo elemento militar.
El próximo domingo, 25 de mayo, se cumplirán setenta años, setenta.
Los Savoias de los fascistas italianos a las órdenes del general rebelde Francisco Franco se ensañaron con esta ciudad con toda la crueldad del fascismo y el odio irracional. Fue, sin duda, el bombardeo más terrorífico de todos los sufridos por la ciudad de Alicante, mucho más, incluso que el llamado de las ocho horas.

Más terrorífico fue el silencio guardado durante tanto tiempo al respecto de estas víctimas. Fue en 1988 cuando, por primera vez, se publica en el diario INFORMACIÓN un artículo del cronista oficial de la ciudad don Enrique Cerdán Tato en el que se relata con toda la crueldad de la realidad, lo ocurrido aquel trágico día de mayo. Volveremos, como todos los años, a la plaza de las Flores, al Mercado Central, alguien tiene que rendirles el homenaje que se merecen, año tras año. Volveremos y nos acompañarán como cada año, más y más alicantinos, la Plataforma de Iniciativas Ciudadanas, la Asociación Cultural Alicante Vivo, los partidos políticos, cada año mas.
Resulta pues vergonzante que el mismo que ordenó o consintió tal atrocidad sea aún hoy y por incumplimiento de la Ley de la Memoria Histórica por parte del Ayuntamiento de Alicante, la Diputación Provincial y otros: "Hijo Adoptivo de Alicante, Alcalde Honorario Perpetuo de Alicante, Medalla de Oro de esta ciudad, Primera Medalla de Oro y Diamantes de la Comisión Gestora de las Hogueras de San Juan, Hijo Adoptivo de la Provincia de Alicante."
Sean en lo que puedan coherentes. El Ayuntamiento no puede colocar una placa en memoria de los fallecidos en el bombardeo del mercado ordenado y consentido por su propio alcalde perpetuo y mantener a capa y espada que los honores otorgados son merecidos y vigentes que es, tal y como se desprende de la lectura del acta del pleno del Ayuntamiento de fecha 22 de febrero pasado, lo que argumentaron tanto el portavoz del grupo popular don Andrés LLorens Fuster(ex presidente de la Comisión Gestora de las Hogueras de Alicante); como el propio alcalde presidente del Ayuntamiento Don Luis Díaz Alperi.
En dicho pleno se declararon, ellos y el resto del grupo popular con su brazo en alto, públicamente contrarios a la retirada de los títulos honoríficos otorgados al dictador. Y los muertos esperan.

Daniel R. Moya Fuster es miembro de la Comisión Cívica de Alicante para la recuperación de la Memoria Histórica.

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