ASUN CANDELA
La apertura de una discoteca en la zona norte de El Raval ha terminado con la tranquilidad, sobre todo nocturna, de los vecinos de las calles más cercanas como son la calle Ángel, Juan Ramón Jiménez, San Jordi y Nueva de San Antonio, según denuncian. Ahora mismo este negocio permanece cerrado, por lo que las molestias han desaparecido, pero quieren que se conozcan las situaciones que han tenido que soportar y prevenirlas. Así, han recogido firmas "para que no se vuelvan a repetir los altercados si la discoteca reabre tras el verano".
Los jóvenes han escogido una calle sin salida situada cerca del establecimiento de ocio para realizar el botellón cada fin de semana, según explican los residentes. A la suciedad y restos orgánicos que los usuarios dejan tras estas reuniones hay que unir todas las molestias que ello origina en el descanso de los vecinos, según lamentan. Además, denuncian que "más que por la discoteca, los problemas vienen por los altercados que ocasionan los jóvenes". Por ello, hace un par de semanas iniciaron una recogida de firmas que recabó el apoyo de más de doscientas personas. El jueves pasado las presentaron en la Oficina Municipal de Atención al Ciudadano para pedir que se incremente la presencia policial en la zona.
Son varios los incidentes que han llevado a los vecinos a tomar esta medida, el más grave el apuñalamiento de un joven el pasado junio. Toda una serie de situaciones indeseables en cualquier vecindario, que, además de los gritos y peleas que tienen que soportar a altas horas de la madrugada, también se enfrentan a convivir con los restos y desperfectos ocasionados "por las interminables sesiones de botellón".
Esta situación no es nueva en la zona, ya que hace unos meses el lugar de reunión para beber era la bajada a la Rambla, indican. Los vecinos afectados entonces ya presentaron firmas con las que consiguieron que un coche patrulla permaneciera toda la noche en la puerta de la discoteca.