LUIS DE CASTRO
o! No me he vuelto loco, porque este título es de Arturo Pérez-Reverte, como ustedes saben un buen novelista y flamante académico de la Real de la Lengua Española, y corresponde a un artículo publicado en XL-Semanal, al que les remito. Y su lectura me ha hecho reflexionar sobre el mal del mes de Junio: el fracaso escolar. El artículo es un volcán en erupción, arremetiendo contra los gobiernos de varias décadas, abrasando con su lava a los responsables de educación y cultura, sin distinción de colores, desde Solana y Maragall hasta Mercedes Cabrera, pasando por Aznar y Zapatero. "No quiero que pase este mes sin mentaros a la madre de cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos treinta años. De vosotros, torpes irresponsables, que estirpásteis de las aulas el Latín, el Griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo". Y la retahíla de acusaciones continúa: "Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia". "ÉDe quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa". Y sigue y sigue para concluir: "¡Qué miedo me dais algunos, rediós! En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil, que un malvado". Ahí es nada. Veo jóvenes "dieciochoañeros" abatidos y muy cabreados, pero al mismo tiempo indolentes, como si con ellos no fuera la cosa. No tengo hijos pero sí sobrinos, además de hijos de amigos a los que frecuento. El panorama es desolador, créanme, pero sobre todo para los padres que ven el verano que se les avecina: academia o profesor particular, autobús para las clases y, en muchos casos, kilómetros de coches a pleno sol para llevar y recoger a sus retoños a las clases de recuperación. Los retoños, siempre generalizando, encantados de la vida porque prefieren estar jodidos dos meses tras haber pasado los nueve del curso tocándose el haba. Saben que un bañito corto pero diario, en la playa o en la piscina, no les será negado, ni una vueltecita cada noche para tomar una birra, y en el weekend la noche es suya. Así, cualquiera. Pero, ¿qué hacer? ¿A quién reclamar? ¿Todos culpables? Probablemente, pero lo cierto es que así, no. Y la solución debe venir necesariamente desde arriba y sin esperar resultados inmediatos. Pero también intentando comprender reacciones como la de una antigua amiga, que decía aquello de "juventud hay una y convocatorias muchas". ¿Se dan cuen?
La perla. "Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo" (Albert Einstein).