CRISTINA MARTÍNEZ
Cómo no emocionarse al ver al poeta recorriendo el Campus, recitando a dúo con Viglietti, dejando caer su sonora elocuencia durante la investidura como doctor honoris causa, hablando callado y tranquilo, mirando con cara de buen hombre. Cómo no emocionarse al ver cómo, en su última estancia en Alicante, leyó su "Autoepitafio" con una sonrisa en los labios. Cómo resistirse a la llamada de este reclutador de prójimos, como a él le gustaba definirse. Todos esos sentimientos se encontraron ayer con Mario Benedetti en el homenaje que le rindió la Universidad de Alicante, a través de un vídeo, de algunas palabras que se mezclaron con lágrimas y de un documental de 15 minutos rescatados de las 35 horas de grabaciones a través de las cuales esta institución académica ha recogido las visitas del poeta uruguayo entre 1994 y 2003.
La cita con Benedetti fue en la Sede Ciudad de la UA, donde se reunieron más de 200 personas, incluido el ex rector Andrés Pedreño, lo que obligó a habilitar dos salas. En el mismo lugar donde, sin saberlo, el poeta se despidió de la ciudad en 2003. Allí se concentraron sus amigos, los que le admiraron y los que siempre le agradecerán la generosidad que tuvo con la universidad, sobre todo cuando en 2006 donó su biblioteca personal de la casa de Madrid al Centro de Estudios Mario Benedetti.
El acto se abrió con la proyección de un vídeo con imágenes de poeta, que la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes iba a presentar el próximo 9 de junio, en el acto oficial de su décimo aniversario en Madrid, donde le nombrará patrono de honor.
Cinco minutos de silencio contenido a través de esas imágenes y después la voz de la profesora de Literatura de la UA Remedios Mataix que recordó que el poeta "era lo que sus versos dicen que era", aludió a su capacidad de convocatoria, a la cantidad de "prójimos" conseguidos y, sobre todo, a su calidad de poeta "comprometido, pero también comprometedor, por eso, no era apto para tibios".
Doce veces visitó Alicante desde 1989, recordó el profesor y amigo del poeta, José Carlos Rovira, que relató algunas de sus anécdotas compartidas con gran emoción, aunque "me dio un consejo, que nunca le vería llorar en público porque el ya lloraba todos los días de 4 a 5". Habló del humor de Benedetti, de los que quisieron acallar su voz, de su lealtad y de cómo "algunos exquisitos" le negaron el Premio Cervantes dos veces, "porque no le perdonaron su dedicación a defender a los pobres de la tierra".
La directora del Centro de Estudioso Iberoamericanos que lleva su nombre, Carmen Alemany, escribió una carta al amigo, dirigida "al sur del alma". "Convirtió la realidad en eje de su obra" y destacó que "hasta el último momento ha sido un combatiente de la vida y de la escritura".
Con palabras de agradecimiento hacia Benedetti, con quien la UA "tiene una gran deuda", el rector Ignacio Jiménez Raneda dio paso a la proyección con la que se cerró el acto, un entrañable recorrido por su estancia en Alicante a través de un trabajo audiovisual de la UA. "Cinco momentos de Mario Benedetti" lanzó a la pantalla la poesía, el rostro y la palabra de algunos de sus presencias más significativas en la UA. Y Benedetti volvió a hablar: de Uruguay, de su doctorado honoris causa en Alicante, de su recital en el cine La Esperanza de San Vicente y del último libro que presentó precisamente en la SEU.
"Autoepitafio"
Algunos dicen que morí de pena
de veras no me acuerdo /sé que había
una nube blanquísima en el cielo
y un ave errante que dejaba huellas
y me parece que eran de alegría
otros sostienen que morí de gozo
yo tampoco me acuerdo /se que había
un jilguero encantado con su canto
y un sauce que evaluava con la lluvia
su cotejo de lágrimas prolijas
sí recuerdo que había conocidos
gente expansiva ufana como pocas
hablaban del mercado de valores
de arte culinaria / de informática
de fútbol / de tabernas /de amnistías
de pronto llegó un soplo de silencio
todo quedó en un coro de callados
se miraron perplejos porque en medio
de aquella vanagloria de la nada
una muchacha pronunció mi nombre.