BELÉN GARCÍA
cho años hace que Jesús Robles vive dentro de su coche, un Renault Clio que aparca aquí y allá en las calles de Benidorm buscando a los vecinos más solidarios de la capital turística y sus zonas más tranquilas, con el fin de evitar los robos y destrozos que además ha de sufrir en su hogar nómada.
A sus 75 años, llegó a esta situación al entrar en una depresión tras separarse de su anterior mujer, con quien tiene una hija. Una vida entera trabajando como cocinero en varios países europeos y ciudades españolas le vale hoy una pensión de 546 euros que "no llega para pagar alquiler, agua, luz, comida, ropa" y todos los gastos que requiere el día a día. Él lo vive entre las chapas de su coche, eso sí, con mucho humor y mucha organización porque "soy un luchador y un superviviente".
Se afeita y se asea en una gasolinera donde ya le conocen, se ducha por 1,50 euros en un camping, la ropa y las toallas, siempre dobladas y limpias porque las lleva a la lavandería, no le faltan bollos para desayunar, zumo para tomar la medicación y un poco de vino y queso para almorzar. Come gracias a la solidaridad del propietario de un restaurante de menús y por la noche lee o escucha en una radio a pilas "Efectos en la noche", de Onda Cero, su programa favorito.
Ahora, parece que la solución a sus problemas no termina de llegar ya que, siendo adjudicatario de una las viviendas sociales construidas por el Instituto Valenciano de la Vivienda, lleva ya tres meses esperando que le entreguen la llave. Las obras están concluidas a falta de un transformador, según informan fuentes municipales que prevén que los pisos -de 290 euros de alquiler- se entreguen en abril, cuatro meses después de lo previsto.
Jesús pide ahora más que nunca que le llegue un techo en el que poder, además, rehacer su vida con su nueva mujer, con quien se casó hace un mes. Ella, colombiana de 50 años, trabaja como interna en una casa de Alfaz y ambos esperan el piso para vivir juntos y darse "el cariño y la compañía" que necesitan.