24 de noviembre de 2016
24.11.2016

Y con el «caloret» llegaron los problemas judiciales

La senadora pasó de ser la alcaldesa de las Fallas, la Fórmula 1 y la Copa América a figurar en las investigaciones por corrupción que afectaban al PP

25.11.2016 | 07:43

Se le ha visto en momentos alegres hablando de el «caloret» en plenas Fallas y se le ha fotografiado recientemente, asimismo, como a una mujer cansada. La exalcaldesa de Valencia y senadora, Rita Barberá, no pasaba por su mejor momento. Su último año y medio estuvo lleno de sobresaltos judiciales e incluso políticos, cuando dirigentes destacados del partido en el que militaba desde hacía 40 años le pidieron que dejara su escaño tras abrir causa contra ella el Tribunal Supremo por el denominado caso Taula. Dejó el PP pero mantuvo su acta como tránsfuga.

Con el polémico discurso «en valenciano» en el acto de la 'Crida' fallera en 2015 –el famosos «caloret»–, Rita Barberá inició una etapa de dificultades que siguió con la publicación de facturas del denominado «Ritaleaks», ya archivado; la caída electoral y el «caso Taula», que ha empañado su trayectoria en este último periodo en el que ha ofrecido explicaciones públicas para negar su presunta implicación en él. Su última aparición fue el pasado lunes para declarar en el Supremo. En la primera comparecencia de febrero la senadora Barberá lamentó las «mentiras impunes»; las «condenas mediáticas» y el «apaleamiento público» que decía sufrir. Afirmó que había hecho donativos al PP que nunca le llegaron a devolver.

Se empeñó en negar ser una persona corrupta. «Ni desde el punto de vista económico ni tampoco moral» alegaba, e incidía en que nunca había amañado ninguna adjudicación de contratos ni insinuado ninguna mordida. «Soy una persona honrada», insistía, mientras daba «gracias a Dios» porque sus padres no estuvieran vivos para ver las condenas mediáticas recibidas. En marzo compareció por segunda vez para aceptar el ofrecimiento del juez para declarar voluntariamente y volvió a negar financiación ilegal o blanqueo de dinero en su entorno.

El 25 de mayo de 2015 sufrió un baño de realidad cuando perdió las elecciones municipales ante un equipo de gobierno que pasó a estar formado por Compromís, con su rival político, Joan Ribó, al frente; PSPV y València en Comú. Así, pasó de ser la alcaldesa de la Copa América y la Fórmula 1 a verse superada por primera vez en las urnas en una noche en la que llegó a exclamar «¡Qué hostia, qué hostia!», en unas palabras que fueron tomadas por algunas cámaras de televisión. De ahí, a decidir no seguir en el consistorio, a renunciar a ejercer en la oposición y a acabar en el Senado como senadora territorial por la Comunidad Valenciana en julio de 2015 por una formación política, el PP, en la que militaba desde 1976 y del que llegó a tener el carné número tres por la provincia de Valencia y que dejó en septiembre de este año a raíz de la «Operación Taula».

Desde ahí, las presiones que habían comenzado con anterioridad por parte de destacadas voces de su partido volvieron a sonar para reclamarle que diera un paso atrás. Entres ellas, las de los vicesecretarios Pablo Casado o Javier Maroto, que pedían que dejara su cargo porque no era «ejemplar» y porque sería lo «mejor para todos». El ministro de Economía, Luis de Guindos; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes o la propia líder del PPCV, Isabel Bonig, o el del PP provincial, José Císcar, dijeron que tendría que haberse ido antes. El expresidente de la Generalitat, Alberto Fabra, declaró públicamente que era «difícil creer» que la exprimera edil no supiera nada de lo que sucedía en su grupo municipal.

La exalcaldesa ha fallecido como senadora dos días después de declarar ante el Supremo, órgano al que acudió únicamente acompañada por sus abogados. A su salida le esperaba un puñado de personas que la insultaron a gritos de «borracha», «corrupta» o «no te escondas que lo vas a pagar todo». En circunstancias similares, Barberá estuvo al lado de otros miembros del PP que tuvieron que comparecer en sede judicial, como su amigo y expresidente de la Generalitat Francisco Camps. Indirectamente, se vio salpicada por el juicio del caso Nóos, que llevó al banquillo a su exmano derecha en el consistorio, Alfonso Grau. El Supremo extenderá un auto de extinción de la responsabilidad penal de Barberá por fallecimiento una vez tenga constancia de su muerte por el certificado que tendrá que entregar su defensa.

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