El apoyo de Puig a la abstención para investir a Rajoy convulsiona el PSPV y la Generalitat

El titular del Consell abrirá una ronda para explicar la decisión, evitar que se abran más heridas en el socialismo valenciano y atajar el malestar de los socios del Pacte del Botànic

25.10.2016 | 02:20
El apoyo de Puig a la abstención para investir a Rajoy convulsiona el PSPV y la Generalitat

Broncas entre militantes del partido en las redes sociales en un ambiente de tensión.

El aval de Ximo Puig a una abstención «puntual» que evite unas terceras elecciones y facilite la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno ha terminado por poner en pie de guerra al PSPV a las puertas de que se abra el calendario de congresos del socialismo valenciano y ha alimentado la convulsión interna en el Consell. Como adelantó este periódico, el PSPV sale fracturado y dividido casi en dos mitades de la reunión del comité federal –máximo órgano de dirección de la formación en toda España– que oficializó ayer una resolución que aparca, como mal menor, la convocatoria de otros comicios en diciembre a los que los socialistas entienden que llegarían liquidados. Consideran, por tanto, que asumen el menos malo de los escenarios y ganan tiempo para tratar de reorganizar el partido. Preocupado por la situación y con un tono de perfil moderado para rebajar la tensión, el líder de los socialistas valencianos quiere cerrar heridas tanto entre los militantes como también en el Consell, algo que concentrará parte de sus esfuerzos en las próximas semanas, explicaron desde Presidencia.

Pasado el trago de tener que ratificar una posición que al final favorece que Rajoy siga en La Moncloa con unas consecuencias impredecibles para el futuro de los socialistas como proyecto político, el jefe del Consell necesita ponerse manos a la obra, admitieron estas mismas fuentes, para tratar de coser las «heridas» que se han abierto en este proceso. Y necesita hacerlo rápido: el PSPV se enfrenta a sus congresos como un trampolín para tratar de reforzar una estructura que, en estos momentos, está debilitada; y tiene que afrontar en pocas semanas el debate de los presupuestos de la Generalitat para 2017, clave para medir el nivel de estabilidad del Pacte del Botànic y valorar el estado de las relaciones con Compromís y Podemos, a los que no ha gustado ni un ápice la decisión de Ferraz y menos que el propio Ximo Puig se haya posicionado abiertamente a favor de facilitar la investidura de Rajoy en el Congreso.

En clave orgánica, el presidente de la Generalitat quiere abrir una ronda de contactos para explicar una decisión que, admiten estas fuentes, incomoda a la mayoría de los militantes con un divorcio casi total entre la base y la cúpula del PSPV. Alrededor de 60 agrupaciones se han posicionado claramente en contra de la abstención socialista para facilitar la investidura de Rajoy. Posición que respaldan el alcalde de Alicante, Gabriel Echávarri; el secretario provincial del PSPV en Valencia, José Luis Ábalos, o el síndic en las Cortes, Manuel Mata. El guión con el que trabaja el presidente de la Generalitat pasa por hacer «pedagogía» de una decisión «técnica» y que, en ningún caso, supone, apuntan, una relación de cercanía «ni ética ni ideológica» entre los socialistas y Rajoy. El líder del PSPV mantuvo conversaciones con la mayoría de los dirigentes alineados con el «no» a Rajoy durante la reunión del comité federal de ayer para esquivar una espiral de autodestrucción.

Y ese perfil moderado es el que Puig quiere mantener a sabiendas de que, en estos momentos, los ánimos de la militancia están muy caldeados. Las broncas entre militantes y cargos dependientes de la Generalitat defendiendo a Puig llenaron los perfiles de las redes sociales en un ambiente de tensión. La posición del jefe del Consell, en este sentido, pasa por tratar de explicar que el objetivo era evitar llegar a unas terceras elecciones que sí podían haber supuesto el «sorpasso» de Podemos al PSOE en el liderazgo de la izquierda y, en ningún caso, aupar a Rajoy a La Moncloa. De hecho, el titular de la Generalitat es partidario de aprovechar la «debilidad» del gobierno del PP –apenas cuenta con 134 diputados– para tratar de llevar al Congreso resoluciones que busquen mayoría parlamentaria y poner en apuros al nuevo gobierno popular. La abstención no es, de ninguna manera, un cheque en blanco.

El otro flanco que cerca al jefe del Consell, obviamente, es el impacto que pueda tener la resolución en el Pacte del Botànic. A Compromís no le gusta nada una decisión que, apuntan, «favorece» al PP. Y Podemos anunció que se va a replantear su respaldo parlamentario a los socialistas. Lo decidirá en una reunión de su dirección autonómica. Mientras eso ocurre, el presidente de la Generalitat trata de amarrar la estabilidad de su gobierno–su «principal preocupación», admiten desde Presidencia– y concentrará todos sus esfuerzos en esa dirección. Ayer mismo, por la tarde, el conseller Vicent Soler mantuvo una reunión por la tarde con Podemos para abordar las primeras líneas de las cuentas autonómicas, que esta semana se enviarán a las Cortes. Y mañana se reunirá la comisión de seguimiento del Pacte del Botànic. Ximo Puig quiere «valencianizar» todavía más su línea en el Consell con una propuesta política que profundice todavía más en un proyecto federal.

La jornada, a pesar de la «prudencia» con la que se manejó Ximo Puig para evitar una intervención en el turno de palabras del comité federal que hubiera ahondado más en una crisis a la que el jefe del Consell quiere poner paños calientes, evidenció la gran fractura del PSPV. Votaron por la abstención en la investidura de Rajoy, además de Puig, todos sus afines o miembros de la dirección de los socialistas valencianos como Alfred Boix, Vicent Sarrià, Ciprià Císcar, Ángel Franco, Empar Navarro, Toñi Serna, Inmaculada Rodríguez-Piñero y José Muñoz, de la gestora federal. Llamó la atención el cambio de bando de Joan Lerma, alineado con Pedro Sánchez hace unas semanas y ahora, sin embargo, a favor de ceder la abstención al PP.

Por el «no» a Rajoy se postularon los mencionados Echávarri, Mata y Ábalos además de Andrés Perelló, Carmen Martínez, Pilar Molina y la alicantina Elena Martín. No acudieron a la cita de Ferraz, mucho más corta y más tranquila que la que acabó hace unas semanas con Pedro Sánchez, la castellonense Antonia García Valls, la exdiputada Vicenta Tortosa, Antonio Amorós, Jorge Alarte y, como ya es habitual, Leire Pajín, alejada de la primera línea desde hace tiempo. La actividad en las redes sociales certificó el nivel de desgarro que esa decisión de facilitar, aunque sea con una abstención, el gobierno a Rajoy ha generado en el PSPV. «Hoy es un día triste», colgó la consellera Carmen Montón, alineada con Sánchez hasta el último minuto, en su Twitter. Un mal menor para los oficialistas y un tiro en el pie que favorece a Rajoy y al PP para los críticos. Dos visiones y una fractura que deja lleno de incertidumbre el futuro del socialismo.

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