La fiesta de los Reyes Magos resalta la manifestación de Jesucristo a los gentiles. Hoy esta manifestación tiene lugar mediante la evangelización. Pero algunos critican la licitud moral de evangelizar. Así nos lo advierte el Vaticano en la reciente «Nota doctrinal» acerca de algunos aspectos de la evangelización. Dice: «Algunos opinan que cualquier intento de convencer a otras personas en cuestiones religiosas es un límite a la libertad». Confunden la evangelización con hacer prosélitos. Es todo lo contrario. Evangelizar es cumplir la misión que el mismo Jesucristo confió a sus discípulos, después de su resurrección: «Id y haced discípulos de todas las naciones, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mat. 28, 19);. Evangelizar es anunciar el amor de Dios; es una obra buena, excelente, «siempre que se realice en pleno respeto de la dignidad y de la libertad humana», puntualiza el Documento Vaticano. Evangelizar es llevar el mensaje de salvación de Jesucristo a quienes no lo conocen, invitándoles a hacerse partícipes de la verdad y de la vida de Dios. El objetivo de la evangelización non es la expansión de un grupo de poder «sino la entrada en la red de amistad con Cristo», que es el mayor bien que se puede hacer a una persona. Y termina el Documento Vaticano haciendo una advertencia muy seria: «Si un cristiano no trata de difundir el Evangelio, compartiendo el perfecto conocimiento de Jesús con los demás, podríamos pensar que no está completamente convencido de su fe, o que, por su egoísmo y pereza, no desea compartir los copiosos abundantes medios de salvación». En la evangelización lo que cuenta no es dominar la mente y la voluntad del otro, sino ofrecerle la oportunidad de conocer el mensaje y la obra de salvación de Jesucristo, para que él libremente decida. Incluso, lo más importante no es hablar sino dar testimonio con su vida de lo que dice con sus palabras. Si las palabras son desmentidas por la conducta, difícilmente serán acogidas. Aún así, lo decisivo es la gracia y la luz del Espíritu Santo, que influye en la mente, en la voluntad y en el corazón del evangelizado.