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e denomina evolución a cualquier proceso de cambio en el tiempo que aplicado al contexto de las ciencias de la vida es un cambio en el perfil genético de una población de individuos, que puede llevar a la aparición de nuevas especies, a la adaptación a distintos ambientes, o a la aparición de novedades evolutivas. Charles Darwin hacía eco de la lentitud de este fenómeno, proceso que suele obrar a lo largo de cientos, miles y hasta millones de años. Sin embargo, este proceso de transformación aplicado a la lengua castellana y su continua erosión ortográfica no necesitará tanto tiempo para que la evolución de nuestra lengua origine una especie diferente, o lo que es peor, como ocurre en la evolución natural, que la especie desaparezca y se extinga por no permanecer fuerte y sobrevivir a las barreras naturales.
Tenemos un grave problema en España, un mal que acecha a nuestros jóvenes, como el cáncer o la peste, va directo al órgano vital, a la esencia de la sociedad, a la cantera, a nuestros hijos, donde más duele, y ese mal se llama analfabetismo o incultura, y su epidemia es la famosa falta de ortografía. Por lo tanto, debemos impedir a toda costa que se produzca el efecto dominó, es decir, que un error ortográfico sea trasladado en cadena a otros individuos de manera exponencial, de generación en generación. Por ello, es necesario reflexionar sobre las causas y motivos que han originado que tal enfermedad lingüística contamine nuestra lengua y nos haya posicionado en este punto, y pudiendo enumerar infinidad de ellas, las reducimos por importancia a tres.
En primer lugar la falta de lectura de los jóvenes, la situamos como la principal causa del empobrecimiento ortográfico, y es que la proliferación de nuevas alternativas de ocio, como los videojuegos, han sustituido significativamente a los libros como referencia principal de entretenimiento entre los más jóvenes, la juventud cada vez lee menos, y su manifestación es clara.
En segundo lugar, otra de las razones principales radica en el progreso tecnológico, y más concretamente en el desarrollo informático, hecho que calificamos como un arma de doble filo, ya que si bien la informática es una herramienta fundamental para la formación y el futuro desarrollo profesional de los jóvenes, y siendo nuestra obligación poner al alcance de los menores todas las herramientas que aporten un valor añadido a su formación, hay que evitar la irreversibilidad del proceso e impedir tanto la picaresca de listillo como facilitarle la vida al vago. La consulta manual al diccionario o enciclopedias necesariamente debe continuar, y la corrección automática de los procesadores de texto debe utilizarse con responsabilidad.
Finalmente como tercera razón, diremos que uno de los fenómenos más imprevisibles del siglo XXI ha sido la revolución del teléfono móvil, imprevisible tanto por su aportación positiva al mundo, como sus daños colaterales a determinados aspectos como la calidad ortográfica de los usuarios. La idea de que lo importante es que te entiendan, imponiendo la rapidez o la minimización del espacio y subordinando la ortografía, ha llevado a los jóvenes a incurrir en un proceso de destrucción brutal de las normas básicas de escritura de nuestra lengua, mediante los famosos mensajes cortos «sms», y lo peor, es que se está normalizando socialmente dicha práctica entre jóvenes y no tan jóvenes.
Como todo en la vida, encontramos agentes responsables de que ocurran los males, o cuanto menos de intentar que no ocurran, y si ocurren, subsanarlos, y esta responsabilidad recae sobre cuatro agentes fundamentalmente.
En primer lugar y sin que se enfade ningún antiguo maestro y/o amigo mío de las ciencias y las artes, cito a los profesores, quienes independientemente de la materia que impartan (desde las ciencias puras hasta las letras sin dejar si quiera a las deportivas); deben ser imperativos y severos con la ortografía, y es su responsabilidad suspender a todo alumno que no sepa escribir correctamente el castellano, no es de recibo que por los pasillos y aulas magnas de la universidad deambulen analfabetos, es una vergüenza observar como médicos, ingenieros o letrados potenciales se expresan con errores ortográficos. Y es un insulto a nuestros predecesores, que donde se ubicó la cuna del conocimiento y el saber, la universidad, este hecho tenga lugar. Por tanto, desde el ciclo básico, pasando por el bachiller, sobretodo en la selectividad y por supuesto en la universidad no se debe pasar la mano, no se puede superar la selectividad para pasar a tener la categoría de universitario con faltas de ortografía.
Como segundo responsable de la tutela de la educación ortográfica y gramatical de los jóvenes implico a los padres, que si bien no tienen la obligación didáctica o académica, sí deben fomentar la lectura y vigilar en actividad de ocio sus hijos invierten el tiempo.
Es palpable que cada vez el mundo está más mediatizado, que vivimos en un mundo en el cual, los medios de comunicación influyen notablemente en la conducta de los ciudadanos, y atendiendo la tradicional denominación funcional de los medios: formar, entretener e informar, estos deben ocupar el tercer lugar en la jerarquía de responsabilidades, desarrollando una labor didáctica en el tema que nos atañe en este artículo, incrementando la emisión de programas culturales y cambiando los parámetros de selección de protagonistas que participan en el medio.
Finalmente, y como último agente implicado en esta ecuación, no se puede olvidar a la Administración pública, quien tiene la capacidad y la obligación de implementar políticas educativas y culturales que impidan que este proceso de desertización ortográfica culmine con la creación de una especie de analfabetos en España.
Como conclusión a este artículo enunciaré el artículo 27.4 de nuestra Constitución: «La enseñanza básica es obligatoria y gratuita». Y digo yo, qué hay más básico, obligatorio y gratuito para nuestros jóvenes estudiantes, que escribir correctamente su propia lengua.
J. Manuel Bonilla
es licenciado en Administración y Dirección de Empresas.