05 de enero de 2018
05.01.2018
Tribuna

La vida sigue igual

05.01.2018 | 03:39

El inicio de 2018 es un buen momento para hacer balance de lo acontecido en el mundo empresarial y en el de los profesionales de la economía durante el ejercicio que acabamos de cerrar. En los últimos días hemos tenido la oportunidad de ver, escuchar y leer numerosas noticias que centran su atención en las cifras macroeconómicas que resumen el año que ha terminado y confirman un incremento del consumo privado, de la inversión, de las exportaciones, así como la recuperación del mercado inmobiliario, en un periodo en el que se ha mantenido bajo el precio del dinero. Durante el último ejercicio incluso se han mejorado las expectativas de crecimiento del PIB del país, que se ha incrementado por encima de la media europea, de forma paralela a la estabilización de la inflación subyacente.


Las variables de coyuntura que miden la temperatura de la economía de España han mejorado, pero lo han hecho desde la perspectiva comparativa de ejercicios anteriores, hecho que todo analista que se precie debe tener en cuenta, ya que venimos de una de las más graves crisis económicas que se recuerdan en España. Estos avances no deben hacernos creer que estamos en el limbo de la felicidad, sino que vamos por el buen camino, del que nos queda mucho por recorrer. Hay datos preocupantes, por ejemplo, no podemos aceptar unas tasas de desempleo de dos dígitos, con una población envejecida y en gran parte subsidiada, todas ellas cuestiones que lastrarán el futuro de las pensiones, que se tendrán que modificar a la baja o bien retrasar más la edad de jubilación.


En este contexto, no se puede considerar como única solución al problema del desempleo la subida del salario mínimo interprofesional (SMI), cuya aprobación por el Gobierno de la nación, con el respaldo de todos los agentes sociales, tiene como objetivo prioritario intentar paliar las desigualdades salariales. Esta medida de gran efecto mediático y social no ha tenido el resultado esperado en el pasado reciente ya que, según fuentes del INE el SMI creció entre 2008 y 2017 un 22,8%, mientras que la inflación lo hizo en un 9,1%. Este diferencial más que notable no ha tenido efecto si lo que se pretendía era bajar la tasa de desempleo, como es constatable con los datos del paro.


El desempleo es, sin duda, la mayor frustración de la economía española, con datos mucho más sangrantes en la provincia de Alicante, que tiene un media superior al 20%, con picos superiores al 25% en Elda y Elche. Esta es la principal lacra social que tenemos que combatir, desde el punto de vista empresarial, con acciones urgentes como ajustar los salarios de forma efectiva a la productividad e incluir en los precios de los productos los costes de la Seguridad Social. Para superar esta dificultad es necesario, además, invertir en tecnología, en investigación y en desarrollo de productos y servicios para aportar mayor valor añadido y mejorar la competitividad. Esto sólo se puede conseguir atrayendo talento y primando la satisfacción de los empleados.


Los trabajadores y autónomos deben ser conscientes de que en el escenario laboral actual y en los que viviremos en las próximas décadas, hay que buscar una solución para que puedan cobrar las pensiones, teniendo en cuenta que la esperanza de vida es superior a los 80 años de media, por lo que el número de años que disfrutarán como jubilados será mayor, lo que hará necesarios más recursos, que sólo pueden proceder de un incremento en el número de cotizantes y de la disminución en el número de desempleados o subsidiados.


Debemos asumir que para que crezca la contratación tiene que haber una regulación laboral flexible y una jurisdicción social que no condene de antemano a los empresarios, para que éstos pierdan el miedo a la contratación, ya sea o no temporal. No olvidemos que la principal industria española es el turismo, que tiene un carácter marcadamente estacional, dependiendo en gran medida de la climatología y de la localización geográfica.


Por otro lado, es necesario que los empresarios sean menos individualistas y unan sus fuerzas, creen empresas más potentes mediante procesos de fusión y absorción, que permitan un crecimiento rápido y continuado para abordar procesos de internacionalización. Es prioritario incrementar la inversión en patentes de productos y en desarrollos industriales, que permitan generar empleos de calidad. Tenemos que dejar de mirarnos el ombligo, no centrar las inversiones sólo en el ladrillo (recordemos la reciente crisis) y caminar hacia el futuro con optimismo y amplitud de miras, sin miedo al fracaso y sin temor a la competencia, interactuando con total transparencia con nuestros competidores.


Como última reflexión me gustaría comentar que en Foro Germán Bernácer constatamos que algo no acaba de funcionar del todo bien en nuestro sistema económico y social ya que, teniendo los recursos suficientes (buen clima, sector industrial, dinamismo empresarial, universidades, población y PIB como la quinta provincia de España), no conseguimos unas inversiones y una proyección equivalente a esta sólida base. Creemos que la solución parte de que la sociedad civil y las fuerzas políticas de la provincia de Alicante coordinen sus objetivos y estrategias para tener más presencia en los foros e instituciones en los que se toman decisiones relevantes sobre inversiones públicas o privadas. Este es un factor clave para conseguir, por ejemplo, inversiones ferroviarias o recursos hídricos acordes con nuestras necesidades y nuestro potencial económico, que tendrían un claro reflejo en el empleo y en la aportación al PIB nacional.


Es cierto que 2017 ha sido un año positivo, pero todavía tenemos un amplio margen de mejora si ponemos en valor nuestro talento, si aprovechamos nuestros genes fenicios de comerciantes y si conseguimos que las voces alicantinas sean influyentes en los ámbitos decisorios políticos, sociales y económicos, para reivindicar con firmeza nuestras necesidades en beneficio de Comunitat Valenciana y de España.


Como diría el pionero del desarrollo personal, Paul J. Meyer, «la productividad nunca es un accidente. Siempre es el resultado de un compromiso con la excelencia, planificación inteligente y esfuerzo concentrado», esta es la piedra angular para mejorar, entre todos, el destino de nuestro territorio.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine