19 de noviembre de 2017
19.11.2017

El carro delante de los bueyes

El error de entregar la educación y la lengua al nacionalismo

20.11.2017 | 04:53

Suele interpretarse la frase de Ortega y Gasset de que el problema catalán "sólo puede conllevarse porque no tiene una solución definitiva", en el sentido de que sobrellevarlo encierra una gran dificultad. Pero esa interpretación no es correcta. El filósofo madrileño aclara que, si bien en el llamado "problema catalán" no es posible la solución definitiva, porque conviven dos comunidades eternamente diferentes, donde ni la independencia ni la negación total de las diferencias resultarían satisfactorias para todos, sin embargo -afirma Ortega- "el problema catalán es bien posible conllevarlo". Se sobrentiende que es bien posible conllevar el problema catalán si no se hacen tonterías, si no se cometen errores tan graves como haber entregado al nacionalismo particularista toda la enseñanza y toda la política lingüística, y no sólo la enseñanza de la cultura catalana, sino también toda la cultura española. ¿Cuál es el objetivo del nacionalismo particularista? Conseguir la independencia, desgajarse del resto del Estado. ¿Nada más? Nada más. Por eso, del uso alternativo del bilingüismo, a conveniencia, resulta una persecución feroz de la lengua y la cultura españolas, en la enseñanza y en la vida pública, que hace de menos, incluso, a los grandes escritores catalanes en español. Un buen ejemplo son las multas de 10.000 euros que se han puesto, en los últimos años, a comercios y establecimientos de Barcelona por tener los rótulos en español, lengua cooficial. Aparentemente, la Ley de 20 de julio de 2010 del Código de Consumo y la Ley de 7 de enero de 1998 de Política Lingüística sólo postulan "el derecho a recibir en catalán cualquier información de carácter fijo". En la práctica van marginando paulatinamente la cultura en español. Son dignos de todo elogio la defensa y el desarrollo de la cultura catalana por parte de la Generalitat, pero un gran error, por parte de los sucesivos gobiernos de Madrid, haber entregado toda la enseñanza, en sus tres niveles, y toda la política lingüística al nacionalismo particularista.

Si la aplicación del artículo 155 de la Constitución no sirve para revisar la política educativa y lingüística, las próximas elecciones de 21 de diciembre servirán de muy poco, y, dentro de un año, tendremos, agravada, la misma problemática de ahora mismo, pero mucho más difícil de conllevar.

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