05 de octubre de 2017
05.10.2017
Opinión

La política invade el fútbol

05.10.2017 | 05:00

El proceso secesionista catalán invade todos los espacios polémicos y ya no es posible hablar civilizadamente de cualquier otra cosa. Ni siquiera de fútbol, hasta ahora, el «opio del pueblo». Durante la dictadura se acusó al régimen de tapar con retransmisiones de partidos los problemas del país, pero a la vista de la evolución de los acontecimientos, con partidos a todas horas y todos los días, era una acusación injusta. En aquellos infaustos años, la inmensa mayoría de los partidos se celebraban a la misma hora del domingo por la tarde hasta que se dio en programar uno de especial relieve los sábados por la noche y otro en la noche del domingo. El resto de la dedicación al fútbol consistía en discusiones de café. El domingo pasado coincidió la celebración del ilegal referéndum secesionista con una nueva jornada de fútbol. Algunos ingenuos creyeron que la sucesión de retransmisiones desde el mediodía serviría de lenitivo a lo que luego desembocó en una violenta jornada de protestas. Pero no fue así. Primero tuvimos el episodio de la celebración a puerta cerrada del partido entre el Barça y Las Palmas. La explicación oficial del club azulgrana es que habiendo recibido de la policía autonómica informes sobre la posibilidad de que el campo fuera invadido por la multitud se optó prudentemente por disputar el encuentro a puerta cerrada para mostrar al mundo su solidaridad con la causa soberanista. Aunque luego trascendieron otras versiones. Según estas, el equipo de Las Palmas decidió usar camisetas que lucían un discreto bordado de la bandera española. El formato de la camiseta fue aprobado por la Liga de Fútbol Profesional y la directiva del Barcelona se colocó en una situación difícil de manejar. En un primer momento intentó aplazar el partido, pero el presidente de la Liga le advirtió que si no jugaba sería sancionado con la pérdida de seis puntos. Luego intervino Piqué para pedir que pese a todo se celebrase. Y, por último, Messi, que ordenó que se celebrase y si era con público mejor. Agudos analistas interpretan que lo que haga Messi con su futuro profesional si Cataluña accede a la independencia será relevante para el desenlace del contencioso. Dado que jugar contra el Llagostera o el Palamós en la Liga catalana no sería plato de gusto para un futbolista que cobra cantidades ingentes de dinero por sus derechos de imagen, su marcha representaría un fuerte golpe para el nuevo Estado. Una posibilidad que ha intentado conjurar la directiva del Barça al asegurar que en todo caso jugarían en la Liga de cualquier otro país que los recibiría encantados. Podrían acabar en la Liga china.

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