28 de septiembre de 2017
28.09.2017
Jardines ajenos

Todo el mundo escribe

28.09.2017 | 04:56

Leo, en la prensa, una de las numerosas entrevistas realizadas al escritor Javier Marías con motivo de la aparición de su última novela. En un párrafo de la misma, el entrevistador cuenta el modo de trabajar el novelista, que «escribe a máquina y corrige compulsivamente hasta dar por buena la cuartilla». Sobre esto, Marías comenta: «Algunos presentadores de televisión sacan novelas. No tengo nada en contra de eso. En literatura todos hemos sido intrusos. Ahora bien, como todo el mundo sabe leer y escribir, todo el mundo cree que puede escribir una novela, mientras que no todo el mundo pensaría que puede dirigir una película o componer una sinfonía. Me asombra porque las mías llevan muchísimo trabajo y las encuentro difíciles».


Entiendo la postura de Marías que defiende la dignidad de su oficio, un tanto diluida hoy por la abundancia de escritores. Ignoro si una proliferación similar de novelistas se habrá dado en otras épocas. Supongo que sí, pues pocas cosas hay en esta vida que no tengan un precedente. Hoy, es cierto, nos sentimos desbordados por una avalancha literaria que parece haber roto cualquier dique. No pasa semana sin que la prensa anuncie el nombre de un nuevo autor que acaba de publicar -siempre con un éxito de ventas considerable, ¡faltaría más!- su primer libro. Es probable que la aparición del ordenador, que tan cómoda ha hecho la escritura, tenga que ver en ello. También habrán influido, supongo, los cambios habidos en la impresión, donde editar un libro resulta hoy bastante más económico que años atrás.


No podríamos decir, sin embargo, que el fenómeno sea completamente nuevo. En una entrada del Diario de Gombrowicz, correspondiente al año 1955, el novelista polaco narra el encuentro que acaba de tener con una señora: «- ¿Usted escribe? Hoy en día todos escriben. Yo misma he escrito una novela-. Yo: -¿De veras?-. Ella: -Sí, y hasta he tenido buenas críticas-. Yo: -¡La felicito!-. Ella: -No, no lo digo para presumir, sólo quiero hacer resaltar que hoy en día todo el mundo escribe. Todos saben hacerlo».


A muchos, nos gustaría escribir un libro pero nos frena el respeto que le tenemos a la literatura, y la conciencia de que nuestras condiciones nunca serían suficientes para superar la prueba. No, no resulta fácil escapar de las limitaciones que nos imponemos. Como Marías hoy, Valéry ya se formuló en su época la misma pregunta, y ofreció una respuesta parecida, aunque, como era habitual en él, más compleja: «La literatura -escribió-, debido a su facilidad aparente de producción (puesto que ella tiene por sustancia y por instrumento el lenguaje de todos, y que no combina sino ideas no especialmente elaboradas), parece poder prescindir, para ser practicada y gustada, de toda preparación particular. No se discute que esa preparación pueda parecer descuidable: es la opinión común, según la cual una pluma y unas hojas de papel, agregándoles algún don natural, hacen un escritor»

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