16 de septiembre de 2017
16.09.2017
Tribuna

La desempleada del mes

17.09.2017 | 02:05

El domingo, una mujer le escribió a la portavoz de Ciudadanos en Cataluña, Inés Arrimadas, lo siguiente a través de Facebook: «Sé que me van a llover las críticas de todos lados, sé que lo que voy a decir es machista y todo lo que se quiera, pero escuchando a Arrimadas en el debate de T5 solo puedo desearle que cuando salga esta noche la violen en grupo porque no merece otra cosa semejante perra asquerosa». Hasta quienes llevamos unos cuantos lustros recibiendo improperios de aquí y de allá por mor de lo que decimos (a veces) o de lo que otros creen que hemos dicho (otras veces) nos provoca estupefacción ver el nivel del debate público/privado nacional en las redes y la intensidad del odio que destila. La autora de lo que podría ser el próximo hit parade independentista de Maluma es filóloga, conoce el poder de las palabras, y posiblemente no se arrepiente de haber tenido semejante pensamiento de un hecho delictivo contra una enemiga ideológica. Sin embargo, seguro que sí se lo pensaría dos veces antes de enviárselo de nuevo firmado con nombre y apellidos a Arrimadas, que inmediatamente la denunció, pues tras el escándalo que ha organizado con el comentario la empresa donde trabajaba, Tinsa, la ha despedido. Se pueden hacer buenos chistes sobre la pertinencia de tener en el servicio de atención al cliente de una sociedad de tasación inmobiliaria a una persona de comportamiento pulido, sensato y ponderado como esa, pero solo quiero resaltar la rapidez y la contundencia demostradas por la firma a la hora de separar su imagen de la odiadora de Arrimadas. Como siempre dice la Supernanny, no pretendas disfrutar de una buena convivencia si no enseñas a tiempo los límites.


Acostumbrados como estamos a la parálisis de partidos y gobiernos cuando sus miembros sueltan barbaridades o directamente contravienen las leyes, invocando la presunción de inocencia o la libertad de expresión, me quito el sombrero ante la celeridad de la empresa privada que se deshace de la ciudadana que le puede sacar los colores, por mucho que fuera fácil librarse del último de la fila. Las mismas redes sociales donde la desempleada del mes desahogaba sus instintos básicos han reaccionado buscándole algún parapeto. «¿La hubieran despedido si fuese un hombre?», se preguntaba un abanderado de la igualdad. Vaya. Qué pena perder de vista así a la víctima, por mucho que no sea de tu cuerda. Otras defensas por no darle la razón a la destinataria del insulto: que si es un despido improcedente; que si a otras mujeres también las amenazan; que si es corporativismo político; que si Arrimadas no presenta el pedigrí feminista necesario para concitar la solidaridad de todas las mujeres. Yo creo que esa tipa que sueña violaciones en grupo es bastante impresentable, yo no la tendría en nómina y tampoco la querría trabajando en la mesa de al lado. A mí las mujeres que desean violencia sexual contra otras mujeres, y que se muestran incapaces de distinguir entre un debate político y la integridad física de una congénere me sobran en el reino de España y en la república de Cataluña tanto como los hombres que hacen lo propio, que los hay a espuertas en internet.


Las tías que usan las redes sociales para insultar, embestir, discriminar y trivializar la violencia contra las mujeres no me merecen comprensión. Pienso que Inés Arrimadas hizo bien en situar en ese mensaje espantoso el listón de lo aceptable, ojalá otras muchas sigan su ejemplo. Le escribiría algo, pero hace un par de semanas me quité de Facebook. Lo mismo que ha hecho la acosadora después de recibir su odio de vuelta, como un bumerán.

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