30 de agosto de 2017
30.08.2017
Tribuna

Hormigas en la boca

30.08.2017 | 04:57

Cuando en 1999 el buen amigo Miguel Barroso escribió el libro «Amanecer con hormigas en la boca» seguramente no se podría imaginar que una de estas andaría, 18 años después, paseándose por el rostro más bellos de la arqueología ibérica.


A todos los ilicitanos e ilicitanas, y aquellos que aman la cultura, nos ha sobresaltado la noticia donde se habla de fallos de conservación y seguridad de nuestro busto más preciado, nuestra Dama. Parece increíble que el principal argumento esgrimido por los políticos madrileños y aquellos informes técnicos que aseguraban que sólo se podría garantizar la conservación de la Dama de Elche en Madrid, hayan saltado por los aires.


Podríamos hablar y denunciar, el Alcalde de Elche ya lo ha hecho, que se esta vulnerando la Constitución donde en su artículo 46 establece que los poderes públicos han de garantizar la conservación, promoción y enriquecimiento del patrimonio histórico. Podríamos también argumentar que se trata de un legado de inapreciable valor, una de las señas de identidad del pueblo valenciano y testimonio de la contribución de nuestro historia a la cultura universal. Seguramente contra nuestro argumentos aparecerán peregrinas explicaciones y contra-argumentaciones de parte para volver a negarnos aquello que llevamos reivindicando desde ya hace demasiado tiempo.


Pero contra todos estos argumentos, no hay que olvidar que por encima de todo está la voluntad de un pueblo que ha demostrado no sólo su amor a su Dama sino además su capacidad para enriquecerla, porque el patrimonio histórico se acrecienta y defiende mejor cuando más lo estimulan las personas que viven con él.


Hablar de arqueología es hablar de la Comunidad Valenciana, de los 172 museos que existen en España relacionados con la materia, 47 están situados en nuestro territorio, es decir más de un tercio. Pero esto no es una casualidad, esta apuesta viene fundamentada en dos valores indisociables: nuestra riqueza cultural, histórica y arqueológica, y una decidida apuesta por poner el valor y acrecentar a través del contacto con sus gente nuestro patrimonio.


Los ilicitanos e ilicitanas hemos de sentirnos orgullosos por contar con uno de los mejore museos arqueológicos. El Museo Arqueológico y de Historia de Elche (MAHE) es uno de los ejemplos más desatados de como se puede respetar las señas de identidad de un pueblo y al mismo tiempo poner en valor todo ese rico patrimonio. El MAHE junto al Yacimiento de La Alcudia y las Canteras del Ferriol configuran nuestro particular triada patrimonial que hace de Elche el lugar idóneo para que se instauren en ella un Museo de Arte Ibérico Nacional.


Tenemos el patrimonio, tenemos la voluntad, tenemos el talento y además tenemos la experiencia que nos avala. Cuando en 2.006 los más de 400.000 visitantes que pasaron por la Torre del Homenaje para ver a la Dama de Elche en su entorno más idóneo, pudieron comprobar como Elche supo albergar a su hija, no sólo en el mejor espacio, sino además con todas las condiciones necesarias para que efectivamente su grandeza brillará más.


Estoy seguro que este incidente no hará de cambiar de opinión a la centralidad política y técnica que no entiende que el patrimonio ha de estar cerca no sólo de los que lo aprecian y estiman, sino de aquellos que viven con él. Hoy alguien en Madrid tendrá que dar explicaciones, pero me temo que amanecer con hormigas en la boca hará difícil que den una explicación que el pueblo de Elche acepte.


Hoy tienen la oportunidad de decir las cinco palabras que llevamos tiempo esperando oír: «La Dama vuelve a Elche».

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