17 de agosto de 2017
17.08.2017
Visiones

Ikea, donde sea

17.08.2017 | 02:26

Entre que si son galgos o podencos, las liebres se han quedado sin forraje, y todos a perder. Por este orden, el más importante: los 2.800 puestos de trabajo que una tienda IKEA crearía

Allende la oscuridad del Amanecer del Hombre, miles de años ha, tribus de primates enarbolaban sólidas tibias en luchas fratricidas contra otros clanes de congéneres para apoderarse de los casi yermos páramos, alimentándose de la escasa vida animal existente.


Stanley Kubrick expuso en los primeros minutos de su obra de arte 2001 Odisea en el espacio lo más trepidante de la evolución humana. Un monolito tallado a la perfección, sólo planos y aristas, hace que el jefe de la tribu dominante, al tocarlo, comience a golpear con un hueso de tapir hasta darse cuenta de que un simple hueso se convierte en un arma mortífera, y define a la perfección la evolución de la especie humana hasta alcanzar nuestros tiempos, aumentando la inteligencia, mas siempre acompañada de violencia.


No voy a hablarles de las grandes guerras de la humanidad que, a buen seguro, todos conocen y denostan, sino de las guerras locales, sí, esas que no trascienden más allá de los periódicos del lugar, pero igual de letales.


Si se acuerdan, todo empezó con un proyecto para localizar a IKEA en la provincia, concretamente en Alicante, Rabasa, entonces conocida por las instalaciones militares y su laguna, y hoy tristemente asociada al humo en que se ha convertido la idea de un centro comercial de 137.000 metros cuadrados, 250 tiendas, hipermercado, seis medianas superficies y edificación en altura de viviendas libres y de protección oficial.


Brevemente les recuerdo los avatares, que si Defensa no permite construir en su zona protegida, que si Fomento exige viales acordes al aumento previsible de tráfico, que si la Confederación Hidrográfica pone reparos, que no a la construcción de viviendas, que si oposición radical del pequeño comercio que vería próxima su defunción, que si PP sí, y que el PSOE, en una maniobra inexplicable, tiempo después, también dice sí, que el que dice que sí acaba trabajando para el promotor de la idea, puede que ético más no estético, que si desde València se pone un marcha un ATE, que si el tripartito que hoy comanda la Generalitat, se opone, que se celebra reunión en el Ayuntamiento entre los máximos rectores del tripartido y los responsables de IKEA, y cuando estos últimos ven entrar a los medios gráficos, abandonan la reunión, pero se van a la sede de Ciudadanos, que si nueva reunión en Madrid pero que vaya el alcalde porque el concejal de Urbanismo es como es, que si el promotor renuncia definitivamente, fin de la historia.


Entre que si son galgos o podencos, las liebres se han quedado sin forraje, y todos a perder. Por este orden, el más importante: los 2.800 puestos de trabajo que una tienda IKEA crearía en el entorno cercano; segundo, IKEA, que hace diez años hubiera podido estar funcionando, pero claro, cuando se juega sucio te manchas las manos, y no puedes pretender que vendiendo tiendas y superficies la tuya te salga gratis; desde luego, los responsable de IKEA en España merecerían un nuevo destino en el Ártico vendiendo aparatos de aire acondicionado para igloos, y como tendrían bastante tiempo libre, podrían hacer un cursillo acelerado sobre el sigilo en la diplomacia. Les pongo un ejemplo bien gráfico y sobre todo cercano: cuando Amancio Ortega o Inditex compran un edificio o un local en los mejores entornos comerciales del mundo, ¿ saben cuándo nos enteramos el resto de los mortales ? Pues eso, cuando la operación ya ha sido cerrada.


Y no menos importante, la desafección de la ciudadanía ante desidias políticas, malas las del PP de antaño por aprobar un plan parcial sin el respaldo de todas las partes implicadas, malas las del PSOE en una aprobación posterior que abrió el camino de las sospechas de toda índole, máxime cuando escuchas judiciales autorizadas no dejaban en buen lugar a viejas glorias, malas las del tripartito que poniendo el punto de mira en dirección al que considera su enemigo, olvida que son los intereses generales los que debe defender, y no vendettas estériles que no llegan a ningún sitio.


Pues eso, que entre todos la mataron y ella sola se murió. Descanse en paz que IKEA se instale en Alicante capital. Retorno al título de este corto, IKEA, donde sea, pero en esta provincia 2.800 familias lo celebrarían, Hacienda también, y la autoestima provincial subiría unos grados, todos contentos.

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