06 de agosto de 2017
06.08.2017

Vacaciones en un país enfermo

06.08.2017 | 03:25
Vacaciones en un país enfermo

Con la llegada del verano, nuestro país ofrece una imagen pletórica, notablemente distinta a la del resto del año, un país deslumbrante, con sus playas abarrotadas, sus terrazas y restaurantes llenos hasta la bandera, con hoteles y alojamientos que a lo largo y ancho del territorio tienen ocupaciones cercanas al completo. Por todos los lados vemos gente que abarrota aeropuertos, estaciones de tren y de autobuses, mientras las calles más céntricas y peatonales de las ciudades se llenan en cuanto el calor da una tregua, al tiempo que muchas tiendas y comercios tienen sus establecimientos repletos. Este es el retrato de buena parte del país, de una punta a la otra, a lo largo de todo el verano, aunque en algunos lugares empiezan a ver cómo este paisaje se prolonga más allá de los meses estivales.

Pudiera parecer que disfrutamos de una España de fábula donde sus gentes viven la mar de bien, sin problemas especiales que les impidan salir, divertirse y gastar dinero, lo que se comprobaría al ver las calles, playas, terrazas, hoteles, así como otros muchos establecimientos. De tal manera que se podría pensar que quienes nos encargamos de estudiar la pobreza y la desigualdad estamos equivocados, explicando una sociedad muy distinta a la que se ve simplemente con salir a nuestras calles. Sin embargo, las dos cosas son ciertas y coexisten a la vez en un país cada vez más dual y contrapuesto, demostrando de qué forma la desigualdad avanza en España ante nuestros ojos y sin que muchos lo perciban. No hay que olvidar que una parte nada despreciable de esas personas que llenan nuestras calles y establecimientos son turistas llegados de otros países y que están permitiendo que se batan récords, ante el desmoronamiento de otros destinos turísticos competidores que viven graves situaciones de inestabilidad debido, entre otros factores, al terrorismo y la amenaza yihadista.

De manera que España es el producto de una sociedad cada vez más compleja y contrapuesta. Y de la misma manera que para conocer la salud de una persona tenemos que examinar todo su organismo, para saber cuál es el estado del conjunto de la sociedad española tenemos que tener en cuenta la situación de todas las personas y grupos que la componen, no quedarnos únicamente con aquellos más visibles y saludables. Porque los datos son tozudos al demostrar que en este país que veranea y se divierte, llenando playas y establecimientos turísticos, hay una parte nada despreciable que lo pasa muy mal y que sus vacaciones consisten, básicamente, en sobrevivir y tratar de alejar tantas penalidades como sufrimientos que atraviesan desde hace demasiado tiempo.

La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del Instituto Nacional de Estadística (INE) recoge en sus últimos datos publicados en 2017 que cuatro de cada diez familias en España no pueden irse de vacaciones ni siquiera una semana al año porque carecen de recursos para ello, el mismo número de familias que no tienen capacidad para afrontar gastos imprevistos, al tiempo que uno de cada cinco hogares llegan a final de mes con muchas dificultades y más de 700.000 de ellos no tienen ningún ingreso. Todo esto en un país en el que, aunque el Gobierno del Partido Popular presuma de haber llegado a la Luna, cuenta con un 17,22% de tasa de paro, la segunda mayor de Europa solo por detrás de Grecia y diez puntos por encima de la media de la Unión Europea, lo que representa la friolera de 3.914.300 personas sin trabajo. Así, 1.277.600 hogares tienen a todos sus miembros en paro, en una sociedad donde cada vez hay más empleo pero con menos horas trabajadas, con una caída de 800.000 personas en la población activa desde 2012. El mismo país que tienen una de las mayores tasas de paro entre los jóvenes menores de 25 años, que asciende hasta el 40%, donde ocho de cada diez jóvenes no pueden residir fuera de casa de sus padres por no tener de recursos. Jóvenes que de forma mayoritaria siguen viviendo de sus progenitores, incluso cuando estos han dejado de trabajar, en la medida en que uno de cada cuatro euros que entran en los hogares españoles proceden de las pensiones. Unos jubilados que han sido y son el soporte económico y físico de muchas familias en España que sin su apoyo no saldrían adelante, especialmente entre los más pobres. De hecho, en la franja del 20% de población más pobre habría únicamente un 13,2% de personas trabajando, frente a un 8,2% de pensionistas, muchos de los cuales apoyan a sus hijos en el pago de sus viviendas y destinan una parte de sus ahorros a pagar sus estudios, dándoles con frecuencia un apoyo económico mensual, tanto si trabajan, al cobrar sueldos muy bajos, como si no lo hacen.

Así que aunque disfrutemos de nuestras merecidas vacaciones, tenemos numerosos motivos para mejorar la salud de un país que presenta excesivos síntomas de enfermedad.


@carlosgomezgil

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine