05 de agosto de 2017
05.08.2017

Aquellas añoradas vacaciones

05.08.2017 | 04:37

El verano era en tiempos esa época del año amable en que la gente sólo aspiraba a que la dejaran en paz para perderse por sus lugares favoritos. Nos gustaba esfumarnos en un apartamento minúsculo de un lugar alejado de casa, en el que podíamos bien ir vestidos como unos fantoches para nuestro regocijo porque nadie nos conocía, o bien por el contrario refugiarnos en el pueblo de nuestros ancestros para ponernos hasta más allá de la conciencia con el tintorro local, difícilmente disimulado con gaseosa. Nadie alteraba esta quietud y sosiego espiritual y el tiempo pasaba tan despacio que nos recordaba al de nuestra infancia.

Hoy, en cambio, vemos a los compañeros de partido pegándose dentelladas a pesar de la sonrisa de fundas nuevas, en plan pitbull. Que Sánchez no las tiene todas consigo, y al frente andaluz ya sabido y consabido se ha sumado ahora el frente valenciano encabezado por Puig, que también se conocía de antes, pero tímidamente. Esto sí me ha sorprendido, que Puig haya ganado el congreso regional, pese a que hace poco estuviera contra las cuerdas, lo que sin duda es una buena noticia para su partido, pues parece más sensato que el líder. En definitiva, entre lo de estar ausente del Congreso y lo de los barones regionales, Sánchez tiene la cosa complicada internamente hablando, aunque es verdad que se ha desvanecido un poco la sensación de total derrumbe del PSOE que había cundido hace unos meses.

También en estos días tenemos al presidente Rajoy haciendo la finta de que se va de vacaciones, pero durmiendo con un ojo abierto para evitar ser pillado en un renuncio por los que alientan la alta traición. Pero, señor mío, él quiere nadar y guardar la ropa, pues buen gallego pretende contestar a las preguntas con más preguntas, aunque no sabemos si esta vez va a salir sin despeinarse como habitualmente le ocurre tras casi cualquier envite, por chungo que sea. Recuerden el otro día, lo llevaron del bocado a declarar a la Audiencia Nacional para escenificar la vergüenza que suponía que un presidente testificara en la Audiencia, fíjense lo perverso del planteamiento del asunto. Y, pese a ello, salió de allí que casi le dan el rabo además de las orejas, vaya, que a los que tanto insistieron en que compareciera personalmente y no por vídeoconferencia les salió el tiro por la culata en el pretendido ejercicio de demagogia. Haberlo hecho mejor, leñe. O no, que ya puestos estoy esperando el milagro de que Rajoy nos salga con un as en la manga en esto de Cataluña y se vaya a continuación a Santiago a comerse un lacón con grelos con un buen ribeiro, tan ricamente. O eso, o el caos.

Menudo veranito.

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