03 de agosto de 2017
03.08.2017
Tribuna

Míriam Blasco

03.08.2017 | 04:32

Dos personas, Míriam y Rosa, en contextos bien distintos, simbolizan lo mejor del ser humano, la búsqueda de la superación a través de sacrificios personales

Unos cuantos años antes de que ella naciera, mi madre, en Oviedo, sugirió/ordenó que debía calmar mi hiperactividad en un tatami a ver si me calmaba a base de revolcones. Llegué casi hasta cinturón marrón, y sinceramente, no recuerdo por qué abandoné, y preguntar a mi madre las razones, camino de los 99 años, no es una fácil tarea, aunque de vez en cuando me da alguna sorpresa, como cuando hace poco me dijo si alguna vez me había contado que, en Burgos, 1939, era la secretaria personal del ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer, cuñado del innombrable, lo que me dejó sin palabras.

La palabra ippon siempre me ha sonado a chino, bueno japonés, para mí, hasta agosto de 1992, cuando con la peña recalamos en Selorio, a un par de kilómetros de la playa de Rodiles, en la desembocadura de la ría de Villaviciosa desde la que se ve Tazones, un clásico de los centollos, langostas y otros delicatessen del cantábrico. Hoy hasta sé que con dos waza-ari se puede marcar un ippon.

Nunca pensé que unas vacaciones se debieran disfrutar en un convento de clausura. Lo fueron durante cerca de tres semanas, sólo salíamos de casa a la hora del aperitivo al chigre de enfrente para echar un culín de sidra, y vuelta a enchufarnos a la tele, hasta que se ponía el sol y nos íbamos a pegar un chapuzón a Rodiles, horas a las que sólo estaban las gaviotas, alguna monja mojándose los pies, mis sobrinos y yo, gozando con la iluminación fija de luz blanca con tres ocultaciones cada quince segundos, alcance 15 millas, del cercano faro de Tazones. Cumplido el trámite volvíamos a repasar las gestas del día por si se nos había escapado alguna.

Ese año Míriam entró en la vida de nuestra familia, hasta el punto de que cuando dicen que nació en Valladolid, están equivocados, para nosotros nació en Asturias, y así se quedará de por vida. Que haya sido la primera mujer que escucha el himno español en lo más alto de un pódium olímpico fue el detonante de lo que desde entonces hemos vivido; las mujeres han empezado a ocupar en el atletismo y otras disciplinas deportivas, lo mismo que en la sociedad civil, el lugar que les corresponde. No hizo falta mucho tiempo para que el logro se repitiera, incluso en Barcelona, Almudena Muñoz, Theresa Zabell, Patricia Guerra, Coral Bistuer, las chicas de hockey, Arancha Sánchez Vicario, Conchita Martínez, siguieron la estela. Después, y sin interrupciones, llegaron Joanne Somarriba (ciclismo), Gemma Mengual (natación sincronizada), Sheila Herrero (patinaje), Gisela Pulido (vela-kitesurf), Brigitte Yagüe (taekwondo), Tamara Echegoyen (vela), Jennifer Pareja (waterpolo), Edurne Pasaban (alpinismo), Isabel Fernández (judo), Amaya Valdemoro (baloncesto), Marga Fullana (mountain bike), Teresa Perales (natación paralímpica), Ona Carbonell (natación sincronizada), Daida Ruano (vela-windsurf), Beatriz Ferrer Salat (hípica), María de Villota (Fórmula 1), y un largo etcétera que omito para evitar una bronca amigable del director de INFORMACIÓN. A cambio de la reprimenda, les añado a Mireia Belmonte, Carolina Pascual, Ruth Beitia, Garbiñe Muguruza, Laia Sanz y Lidia Valentín.

Les recuerdo a Rosa Parks, defensora de los derechos civiles en Estados Unidos, más conocida por ser la primera mujer de color que se negó a ceder su asiento a un blanco y moverse a la parte trasera del autobús en el que viajaba, año 1955. Ella fue la chispa que prendió en los derechos de las minorías, a partir de ahí la historia se fue construyendo de forma acompasada a la dignidad de los seres humanos en un contexto bien parecido al artículo 14 de nuestra Carta Magna, que declara que todos los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Dos personas, Míriam y Rosa, en contextos bien distintos, simbolizan lo mejor del ser humano, la búsqueda de la superación a través de sacrificios personales.

Tras el abandono de Míriam del tatami, encontró acomodo en la política, digamos que un pésimo deporte gremial donde las ideas personales están vetadas. Me sorprendió que votara en contra de los matrimonios homosexuales aduciendo disciplina de partido, cuando alguien que no tiene una avenida con su nombre en Alicante, se levantó en dos plenos ausentándose para no votar en contra de ese tipo de matrimonios, Sonia Castedo.

Pero sigue siendo una de nuestras leyendas familiares.

PD: La piragüista Beatriz Manchón, ganadora tres veces el campeonato del mundo, seis oros en campeonatos de Europa, olímpica en cuatro ocasiones, tiene vetado participar en el descenso del Sella, primer sábado de agosto, en la categoría K-2, máxima categoría, con su pareja Manuel Busto, un clásico, ganador del descenso en ocho ocasiones en la categoría K-1 K-2. Y yo que pensaba que expulsar a los moros después de Covadonga había sido abrir las puertas a la modernidad. Debe quedar algún machista intolerante por Arriondas, lástima que sea en mi Asturias. Ya lo decía Einstein: «Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana».

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine