29 de julio de 2017
29.07.2017

Hacemos lo que podemos significa ...

30.07.2017 | 05:27

ra el 11 de febrero del 2009 y gobernaba Zapatero. Rajoy era líder de la oposición tras perder en 2004 y 2008. Sobrevivía, pero los compañeros de partido ( Aznar, Mayor, Esperanza Aguirre?) acechaban. Salió en rueda de prensa porque el país estaba conmocionado por las revelaciones del caso Gürtel (de aquel desconocido Francisco Correa fotografiado con chaqué en la boda de Ana Aznar) que instruía el entonces juez Baltasar Garzón. Rajoy sentenció: «Gürtel no es una trama del PP, sino una trama contra el PP», mientras Génova apuntaba a Rubalcaba, ministro de Interior.

Han pasado ocho años y Rajoy ha tenido que declarar como testigo –eso sí, bien tratado– en la Audiencia Nacional. Está claro, hace mucho, que no era una trama contra el PP y el presidente se defendió de las preguntas de Benítez de Lugo y otros abogados de las acusaciones. En algún diario digital leí de inmediato: «Rajoy sale vivo». Y un solvente analista, José María Brunet, concluyó en La Vanguardia que había sido un penoso dolor de muelas sin consecuencias procesales. Seguramente. ¿Políticas?

Lo revelador es la línea roja de defensa de Rajoy: sus funciones eran políticas, ganar las elecciones, y jamás se ha ocupado –ni tenía obligación– de las finanzas del partido. Llegó a concretar que había estado 30 años en la ejecutiva del PP y que nunca se discutieron las cuentas. Eran sólo papeles que se aprobaban. Como decía un viejo republicano: «No importa quien pague las misas, sólo que se hagan».

En un país de tradición protestante como Holanda o Dinamarca –con los que tanto se llenaba la boca Artur Mas mientras se financiaba con el 3%–, Rajoy habría muerto. Es como si Juan Roig, el presidente de Mercadona, presumiera de ocuparse sólo de las ventas y de ignorar los costes. Si fuera así –si Aznar y Rajoy sólo hacían política– no sería extraño que los Naseiro, Sanchís, Bárcenas y otros tesoreros del PP, que tenían que buscar al pagano de las misas –libres de todo control–, se auto-retribuyeran con buenas tajadas y tuvieran cuentas en Suiza o grandes latifundios en Argentina.

Pero no se pueden pedir peras al olmo. España no es Dinamarca. Rajoy lo sabe y lo practica. Ha dicho que en el PP, como en otros partidos, ha habido problemas, pero que está decidido a luchar contra la corrupción. Lo de los otros partidos es cierto pero lo de Camps, Matas, Ignacio González? y la caja B de Génova, que no desmintió sino que dijo ignorar, es demasiado.

Rajoy sigue vivo por varios motivos. Porque España no es Dinamarca, vale. Porque el PP, pese a haber jubilado a Federico Trillo, tiene gran profesionalidad, incluso pecaminosa, a la hora de defenderse y confundir al enemigo. Y, lo más decisivo, porque ha ganado las elecciones dos veces seguidas (2015 y 2016) tras la publicación en julio del 2013 de aquel famoso SMS: «Luis sé fuerte, hacemos los que podemos». El miércoles aclaró que «hacemos lo que podemos significa que no hicimos nada que perjudicara al proceso».

¿La minoría más numerosa de españoles le votó porque se olvidaron del SMS? El olvido y el voto no son la amnistía. Pero tampoco la condena. Sus votantes deben pensar que el pecado de financiación ilegal (y los de latrocinio de otros dirigentes del PP) merecen sólo el purgatorio, algo que la Iglesia dice que ya no existe. La razón es que valoran más su gestión y sus ideas que las de sus adversarios.

Pedro Sánchez exige que Rajoy dimita ya. Lógico porque debe ganarse a los electores que votan contra Rajoy, que son más que los que votan al PP. Y es la ley del talión española. Recuerden Filesa, el «váyase señor González» de Aznar, o «el mayor recorte social de la democracia» con el que Rajoy señalaba con el dedo a Zapatero. Pero Sánchez sólo llegará a la Moncloa si logra inspirar más confianza a los españoles. Y la credibilidad no se construye sólo denunciando al adversario.

Ni Rajoy se irá ni –previsiblemente– caerá. El demagogo Pablo Iglesias –Rajoy es presidente porque Podemos votó contra la investidura de Sánchez– vuelve a exigir el espectáculo de otra estéril moción de censura pero, al mismo tiempo, garantiza su fracaso al seguir excluyendo a Rivera de todo pacto. Y sin C's no hay mayoría.

Rajoy dijo ayer a Benítez de Lugo que las cosas son como son y no como nos gustaría que fuesen. Es una buena reflexión para todos. Una última curiosidad: ¿cuando Rajoy pidió comparecer el miércoles 26 cree usted que sabía que el jueves 27 la Encuesta de Población Activa (EPA) diría que el paro había bajado de los 4 millones por primera vez desde la crisis?

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