25 de julio de 2017
25.07.2017
El cristal con que se mira

Macron mon amour

25.07.2017 | 04:49

Génesis 39. José y la esposa de Potifar


«39 Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas...


6 Y dejó todo lo que tenía en mano de José, y con él no se preocupaba de cosa alguna sino del pan que comía. Y era José de hermoso semblante y bella presencia.


7 Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo.


8 Y él no quiso?


12 Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió».


El relato bíblico nos presenta en la figura de la esposa de Potifar a una autentica «cougar», persiguiendo al joven y apuesto José.


Para los que no sepan qué es «cougar» diré que lingüísticamente significa «puma» y en el argot se usa para definir a las mujeres que buscan una pareja más joven. En español «asaltacunas», que, aunque es aplicable a ambos géneros, de hecho, solo se utiliza con relación a la mujer.


La palabra comenzó a usarse en América del Norte y se extendió a Estados Unidos, siendo adoptada por los guionistas de comedia de situación, hasta dedicarle una serie Cougar Town, protagonizada por Courteney Cox, la Monica de Friends, que interpreta a una divorciada a la que los hombres de su edad le aburren, o están casados, y se convierte en una auténtica «caza jovencitos». La actriz predica con el ejemplo, pues en la vida real está casada con un actor siete años más joven.


El termino está siendo sustituido por las «swofty», neologismo que se refiere a mujeres solteras de más de cincuenta años que gracias a su genética, a tratamientos de estética, a horas de gimnasio y estudiado estilismo, lucen en todo su esplendor y son admiradas y deseadas por el público masculino. Sharon Stone, Madonna, Susan Sarandon o Demi Moore son ejemplo de ello


La nueva etiqueta resta al adjetivo «cougar» (puma) que puede entenderse como ofensivo por su connotación de mujer «felina».


Pero no nos hagamos ilusiones, para pasar de «asaltacunas» a «swofty» hay que ser sexy, y profesional de éxito sin complejos ni inseguridades. En resumen una superlativa mujer triunfadora.


Salvo dentro de esos círculos en donde el escándalo hasta les favorece, seguimos levantando la ceja, sobre todo si la madurita es ella. Cuesta ver a una mujer con su celulitis y arrugas con un hombre más joven. Se acepta mejor en el caso del hombre, e incluso en algunas culturas es todavía la norma que la esposa sea mucho menor.


Comentarios del tipo podría ser su madre, el va a colocarse, intenta ascender socialmente, quiere seguridad económica, es un inmaduro y busca una mama? O, de ella, lo único que pretende es evitar el paso de tiempo, trata de sentirse joven, quiere un marido controlable? Hacen que casi siempre ella oculte este tipo de relación, porque siente vergüenza y culpa frente a sus hijos, familia y sociedad.


Parece ser que a las jovencitas y a los señores que le doblan la edad que se casan con ellas no le son aplicables estas apostillas.


No obstante, cada vez hay más uniones de este perfil, sobre todo a partir de la segunda. La sociedad se ha abierto a otros tipos de parejas, las rupturas están a la orden del día, con lo que, en cuanto te descuidas, puedes volver al mercado de los solteros y la independencia social y económica de la mujer ayuda a la libertad de decisión. Algún mal pensado añadiría que, aunque ellas aspiren en general a volver a emparejarse con hombres de su edad, estos buscan el desquite con mujeres más jóvenes.


Y desafiando todas las estadísticas que auguran un recorrido muy corto a estas parejas, Macron expone ante el mundo «cet amour fou» con su profesora, que ya dura dos décadas, demostrando que, cuando un hombre está loco por una mujer, ella es la única que puede curar su locura. Perdonen este exceso apasionado, pero la pareja se lo merece y hacen gala de una sana y equilibrada relación, con la idea de un futuro común, que en su caso abarca a un país.


El 7 de julio de 2016 el Tribunal Constitucional Italiano proclama en una sentencia que «el amor no tiene edad», declarando inconstitucional una ley que reducía la pensión de viudedad si el marido o la mujer era al menos 20 años más joven que el otro y este tenía más de 70 años y si la duración del matrimonio había sido inferior a los 10 años. Esta ley aprobada por Berlusconi, ejemplo perfecto de prudencia y contención, pretendía acabar con la estafa que consideraban constituían los profusos matrimonios de ancianos, entre 65 y 85 años, que se casan con su joven «badanti» ?así se llama a la persona que cuida a niños o mayores-, entendiendo que lo hacían por dinero. El Tribunal Constitucional reflexiona que quien decide casarse, aunque sea después de los 70, tiene todo el derecho de hacerlo, sin que se deba sospechar la existencia de fraude.


Y, si lo dice tan alto Tribunal, ¿quién somos los demás para refutarlo? Que al final la edad no es lo que importa, si hablamos de amor.


Sean felices y hasta después del verano.

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