23 de julio de 2017
23.07.2017

MONÓLOGOS DE VERANO

24.07.2017 | 00:24

l Gobierno Valenciano ha presentado a lo largo y ancho de nuestra tierra un programa, o performance, denominado Diàlegs d'estiu. Permítanme que se lo diseccione, por si usted no ha tenido la oportunidad de asistir. La idea no es mala. Se trata de poner al Gobierno Valenciano a rendir cuentas ante la ciudadanía. De ofrecer un espacio para el debate y la reflexión. Esa era la idea, pero el guion no parece que haya acompañado a la idea. Les explico.

Lo primero que resulta sorprendente en la organización es que te tienes que inscribir para asistir. O sea, que estos que venían a ofrecer frescura, quieren listas de admitidos. Lo venden como que es necesario para controlar el número de asistentes, pero eso es un chiste barato. Lo lógico es que dejasen puertas abiertas hasta el aforo, y punto.

Lo segundo que resulta raro de la nueva política que dicen representar es que las preguntas hay que hacerlas por escrito. Entonces el diálogo que dicen proponer se convierte en una selección de preguntas por el moderador. Seguramente jode escuchar al pueblo a pelo. Jode que te digan cuatro cosas bien dichas, con educación, y es más «operativo» hacerlo por escrito. Pues no te metas a político. Pues no digas que quieres escuchar al público.

Lo tercero que resulta anecdótico es que el formato lleva al conferenciante, por ejemplo un conseller, a hablar durante prácticamente tres cuartas partes del tiempo, en un claro monólogo estructurado, para escenificar lo bien que lo está haciendo el Gobierno, y lo mal que lo dejó el PP. Estoy de acuerdo en la segunda parte, el PP lo dejó hecho unos zorros, pero estos del Botànic no están arreglando el desaguisado. Es más, están abriendo algunos frentes para deleite de la derecha que ve, en el sectarismo del tripartito, una oportunidad de vuelta.

Asistí a la charla, que no coloquio, del Conseller Marzá en Elda, el meu poble. Y todo lo que les digo pasó. Pasó que tuvimos que inscribirnos, y eran más en las sala de Compromís y del tripartito que público en general. En la sala podíamos ver cargos institucionales de toda la provincia que ya estarán hasta las trancas de escuchar a su Conseller. Por supuesto, las primeras filas reservadas para ellos, muy de partido antiguo. Todos los cargos y pelotas de turno en primera fila para «recias marciales» caminar hacia la victoria final.

Vi la foto del mismo acto en Alicante con el President Puig, y tres cuartos de lo mismo. Muchas caras que estaban en Elda, también en Alicante, y poca «gente normal». Vamos, como un acto de partido pero en verano. A la fresca.

Y como no, el turno de preguntas fue de antología. La mitad de las preguntas fueron en valenciano. Como en Elda el valenciano es mayoritario, pues se entendió, que las preguntas fueran en valenciano. Está claro que la «casta» funcionó. La casta de Compromís, que también tiene su guasa. Y de nuevos tienen poco.

Pero lo de Marzá fue un festival del humor. Un monólogo de un artista de cabaret barato. Nos vino a decir cómo estaba la educación y cómo la iba a cambiar él. Uno que tiene menos del 20% de los votos. A una pregunta de si pactaría con la oposición una ley educativa que hiciese posible que no se cambiasen las leyes cada cuatro años, dijo que sí, pero a su manera. Su manera es que lo intentaría pero que si los demás se levantan de la mesa y no pactan, pues ejecutaría su plan educativo. Toma del frasco Carrasco. Eso es pactar y lo demás tonterías. Para pactar, querido Conseller, hay que renunciar a cosas, porque todos tienen algo de verdad. Pero usted no pasará a la historia de la democracia por pactista, sí por sectario.

Pueden seguir haciendo estos bolos veraniegos, pero la gente preferirá a Bertín Osborne y Arévalo. Es que la gente, esa que dicen ellos representar, no es tan tonta como para dejarse engatusar por unas conferencias que no son diálogos. Dialogar es otra cosa. Empieza por entender que las personas pueden tener proyectos vitales distintos al tuyo, y no son derechos de pernada, como desacertadamente dijo el President Puig. La próxima vez, al menos ofrézcannos una horchata, para aguantar el bodrio. Si us plau.

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