22 de julio de 2017
22.07.2017
"Encalao" en el tejado

Crónicas cubanas

23.07.2017 | 04:29
Crónicas cubanas

El folclore de unos pueblos se nutre, muchas veces, del folclore de otros mediante la importación y exportación como de cualquier producto alimenticio. Y es que, cuando nos agrada, por ejemplo, la piña americana, no dejamos de comerla y, si podemos, la adaptamos a nuestro clima, como pasó con la patata.

El alimento espiritual de la danza, también presenta ese fenómeno, dando al predominio de las sambas, los corridos mejicanos, la Lambada, el «Reggaeton», el «Quadradinho» y el «Surra de Bunda», alternando con sevillanas, soleares y flamenquerías.

Los «onestep». «twosteps» y «foxtrops», hicieron olvidar las anteriores danzas, y hubo época en que la habanera fue desbancada por la rumba, agitada, lasciva y primitiva. Por aquel año del inicio de la andadura del certamen la ciudad estaba formada por casas de plata baja con fachadas mezcladas con colores blanco y ocre. Torrevieja era una tranquila ciudad, que se miraba en el manso mar que le rodea y por cuyas aguas, en tiempos todavía más anteriores, habían navegado veloces barcos veleros, camino de las américas y como punto principal de aquellas, Cuba, la bella isla tropical a donde llegaron algunos de sus marineros con sus canciones que allí se transformaron, con el lánguido deje de las prietas criollas, en esas habaneras que todos conocemos y que se cantaban en las casitas junto al mar.

Los pocos torrevejenses que surcaron las aguas del Atlántico y otros muchos a los que les gustaba aquellas zarzuelas plagadas de picantes y socarronas habaneras, dejaron en sus descendientes de los años cincuenta del pasado siglo, que todavía cosían las redes y embreaban velas para las barcazas de pesca que se mecían en la orilla del Mediterráneo, unas canciones que hoy todavía se siguen.

Fue Torrevieja, uno de los últimos puertos de España de donde continuaron saliendo los barcos veleros para Cuba, llevando en sus panzudas entrañas, tejas, ladrillos rojizos de Alicante y sal, y trayendo de regreso maderas preciosas y especias, Cuba y Argelia eran la meta de la mayoría de estas naves. Comercio que continuó hasta finales de los años veinte del siglo pasado.

En el mes de marzo de 1955, se dieron noticias de que el I Certamen de Habaneras se internacionalizaría por la participación de varias naciones hispanoamericanas, según noticias que publicaron importantes rotativos de la América de habla española. El I Certamen Nacional de Habaneras se celebró entre los días 7 y 14 de agosto. Fue el sábado 6 de agosto, a últimas horas de la tarde, cuando llegó por carretera después de un accidentado viaje, el embajador de Cuba en Madrid, Antonio Iraizoz Villar, para asistir a los actos de inauguración.

El domingo día 7, a las 12 del mediodía, en el salón principal de la Sociedad Cultural Casino, fue inaugurada una exposición de La Habana y el I Certamen de Habaneras. La Habana antigua; una, ofrenda de Cuba a Torrevieja, integrada por gráficos de la época antigua en la que nació la habanera. La Habana contemporánea con sus realidades arquitectónicas que la situaban entre una de las capitales más modernas y acogedoras de América. Y por último la de recuerdos torrevejenses de la Perla de las Antillas: maquetas y retratos de barcos que saliendo de la rada torrevejense surcaban el atlántico manteniendo un continuo comercio con Cuba, sosteniendo una espiritual y cultural. Entre los objetos expuestos se hallaban: bastones de carey, cajas de maderas exóticas, sables y otros objetos comprados por los torrevejenses de finales del siglo XIX y principios del XX allí. Recuerdos de amistades que se contrajeron, muestras de agradecimiento a favores hechos y, tal vez, «arras» de amores en los que por la distancia y apego a la tierra natal se dejaron incumplidas promesas hechas en una noche cálida y embrujada por el son de una habanera.

Desde aquel verano de 1955, año tras año, ha ondeado la bandera cubana en los anuales certámenes de habaneras, pese a los cambios políticos, allí y aquí, que intentaron en 1979 arriar el símbolo del país antillano. Fue el 20 de agosto, cuando alrededor de mil personas asistieron a un acto falangista que se celebró en las Eras de la Sal. De los que allí acudieron, un diez por ciento serían de Torrevieja. Hubo discrepancias entre los asistentes en cuanto a una fotografía de Franco que figuraba en el escenario junto a la de José Antonio y banderas de Falange. Hubo quien intentó arriar la bandera cubana que figuraba, como siempre lo había hecho desde 1955, simétricamente a la española. Se entonó el «Cara al sol» y volvieron a surgir gritos de protesta al omitirse entre los gritos de ritual el nombre de Franco. Se mostraron en este acto ciertas desuniones entre los falangistas de las diversas tendencias y los de Fuerza Nueva, pero el delegado del recinto, Tomás Boj Andreu, se opuso rotundamente a que la bandera que representa al pueblo cubano fuese retirada.

Este hecho dio motivo para que fuese la noticia recogida en todos los medios de comunicación y la revista de humor «El Papus», subtitulada satírica y neurasténica, y que fue víctima de un atentado del grupo armado de ideología fascista Triple A (Alianza Apostólica Anticomunista) con paquete explosivo contra la sede de la revista, falleciendo el conserje Joan Peñalver y produciendo diecisiete heridos y del que se cumplirán cuarenta años el próximo 20 de septiembre.

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