20 de julio de 2017
20.07.2017

La pluma y el diván

20.07.2017 | 03:14

Sabemos que son muchas las características que hacen a los seres humanos singulares, pero si tuviera que destacar una, serían las emociones. Lo realmente peculiar y sorprendente es que cualquier emoción humana cuenta con matices distintos para cada persona y difieren según cada momento de su vida. Cuando un niño nos dice que tiene hambre, está mostrando una emoción, pero si en ese momento no le hacemos caso insistirá elevando poco a poco la exigencia de querer saciar el apetito. En el caso de que no coma se irá trasformando su emoción de hambre en una de desesperación, después de ira y puede llegar a la agresión. Si en ese momento le damos algo para comer, la trasformación de las emociones será inmediata, pasando de la ira a la satisfacción, al deleite y por fin a la felicidad por haber saciado el hambre.

El comportamiento emocional engrana todas las conductas humanas como si de un hilo conductor se tratara. Normalmente van secuenciadas, como hemos visto, pero pueden ir dando saltos sin un sentido lógico o racional. De hecho podemos estar felices en un momento dado del día y acto seguido puede inundarnos una gran tristeza con la evocación de un pensamiento negativo o una situación sin resolver que de pronto salta al escenario. Se puede sentir una emoción de miedo ante un acontecimiento desconocido y una vez que entendemos lo que ocurre este se diluye como por arte de magia, dando paso a otra emoción completamente diferente.

Una de las cuestiones más chocantes de los sentimientos es cuando entran en colisión emociones contradictorias en un tiempo y espacio tremendamente pequeño. El ejemplo más significativo es el amor-odio. Nos puede dar la sensación de que somos capaces de querer y odiar a una persona al mismo tiempo, cuando en realidad eso es imposible. Pero en algún momento de nuestra vida pensamos que tenemos tanto odio por esa persona que seríamos capaces de hacer una locura para que desapareciera y acto seguido estamos diciéndonos a nosotros mismos que no podríamos seguir viviendo sin que esa persona esté a nuestro lado. Esta disyuntiva es un clásico del amor y el desamor porque confluye ese sentimiento de amor profundo junto con ese otro de odio y desprecio por alguna cosa que creemos o sabemos que ha hecho contra nosotros.

Somos incapaces de entender que exista una persona sin emociones ni sentimientos, pero las hay. Posiblemente estén pensando en algún político, pero están equivocados, los únicos que carecen de esta maravilla emocional son los psicópatas, incapaces de sentir.

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