20 de julio de 2017
20.07.2017

Guardianes del museo

20.07.2017 | 03:14

El pasado miércoles 5 de mayo el presidente de la Asociación de Belenistas de Alicante recibió un comunicado de la Concejalía de Cultura, con el siguiente y escueto texto: «Como ya sabes, Antonio se jubila y el lunes ya no viene a trabajar por lo que, de momento, el Museo de Belenes se cierra».

En ese momento recordamos otra escena ocurrida hace más de veinte años: «¡Pero hombre, Juan!, ¿cómo es posible que estas maravillas no estén expuestas en un museo?», le decía al entonces presidente de la Asociación de Belenistas, Juan Giner, el concejal de Cultura en ese momento, Pedro Romero. Ese comentario fue el pistoletazo de salida para la puesta en marcha del Museo de Belenes de Alicante.

¡Qué diferencia entre las dos escenas! Aquel año 96 todo eran iniciativas: por parte del Patronato Municipal de la Vivienda, buscar un local y acondicionarlo, por parte de los belenistas, clasificar y organizar el fondo museístico, figuras, dioramas, escenas?, por parte de la Concejalía, dar forma jurídica y organizativa. En pocos meses el Museo de Belenes de Alicante fue una realidad. Para cuidar del patrimonio expuesto, se designó a un maestro belenista, Antonio Ramón, uno de los fundadores de la asociación; para dotarlo de medios económicos y administrativos se encargó al Patrimonio Municipal de la Vivienda dependiendo de la Concejalía de Cultura y para cuidar de las salas del museo, el Ayuntamiento designó a uno de sus conserjes, Antonio Ponzoda.

Todos estos años ellos han sido los guardianes del Museo de Belenes: por parte de la asociación, el belenista se ha preocupado de la renovación temporal del material expuesto y de su mantenimiento, y Ponzoda se ha preocupado de tenerlo a punto estableciendo a la vez una buena relación entre los belenistas y los miles de visitantes, (unos 30.000 anuales), teniendo siempre en su mesa de vigilancia una pequeña muestra de enseres y revistas beleneras, ofreciendo un libro de visitas a los asistentes, y procurando siempre el mejor estado de lo expuesto.

También los sucesivos concejales de Cultura se han interesado por el museo, y hasta se ha llegado a pensar en una ampliación; la Administración municipal ha sido consciente de que es el museo alicantino más visitado. Es por eso que el comunicado de la Concejalía de Cultura de hace unos días terminaba con otra frase: «Vamos a intentar solucionar el tema. Vamos a pedir su sustitución» (la del conserje), que da esperanzas de que el Museo de Belenes es pieza fundamental en la muestra de cultura alicantina y un hito para los visitantes de nuestra ciudad.

Todos los guardianes del Museo de Belenes han hecho posible que Alicante tenga uno de los museos de belenes más importantes de España: los belenistas procurando periódicamente su renovación con su trabajo callado y continuo, la Concejalía con su aportación presupuestaria, y el conserje con su vigilante labor de tenerlo todo a punto y en excelente estado de revista. Ahora, la edad condiciona la presencia de este último, por parte de la asociación se está en disposición de mejorar y renovar los fondos museísticos; estamos seguros de que la Concejalía de Cultura no privará a Alicante de uno de sus museos más prestigiosos.

La Asociación de Belenistas de Alicante es una asociación pionera en España en el mundo del belenismo, con un prestigio nacional e internacional, lo que le ha valido poder exponer muestras de belenes en muchas ciudades de España y en diversos lugares de Europa. Su obra es conocida hasta más allá del Atlántico. Esa es la obra que el Museo de Belenes muestra: un trabajo lleno de tradición, de artesanía, de cultura, de alicantinismo y de costumbrismo, que recrea en sus pequeñas escenas la gran historia de la Navidad.

Alicante, los belenistas, y todos cuantos año tras año vienen avalando con su presencia las exposiciones navideñas de belenes, esperan que todos «los guardianes del Museo de Belenes» sigan manteniéndolo vivo. Es sólo cuestión de un pequeño esfuerzo combinado de cultura, de tradición alicantina y de cariño al belén. Falta ahora el conserje, pero estamos seguros de que la Administración municipal mantendrá aquel compromiso que sus antecesores manifestaron de tener en Alicante un museo de belenes que muchas ciudades quisieran para ellas.

Ahí queda el reto: responder al deseo de cuantos, día a día, se acercan a la calle San Agustín, nº 3 (sede del museo), a ver los belenes, sus figuras y sus curiosidades, y a cuantos preguntan desde sitios lejanos, continuamente, cuándo pueden acercarse al museo para poder deleitarse con unas escenas llenas de pequeños y entrañables detalles de tantos y tantos belenistas que, desde hace ya sesenta años, mantienen altruistamente la llama del belenismo en Alicante. Esperamos seguir recibiendo en el libro de visitas las innumerables muestras de cariño y agradecimiento que llenan sus páginas y eso será posible si las puertas del museo siguen abiertas y todos sus guardianes están presentes. La Asociación de Belenistas de Alicante así lo desea.

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