14 de julio de 2017
14.07.2017
La riá

1977: hace cuarenta años

14.07.2017 | 03:02
Portada de la revista de Moros y Cristianos 1977.

A modo de prueba, en 1974 se celebraron los primeros desfiles de Moros y Cristianos, rescatando aquellas fiestas que se organizaron en el siglo XVI y que habían quedado sumidas en el olvido desde hacía cuatro siglos. En esos años de los setenta del pasado siglo, naciendo del pueblo y a través de sus barrios acogidos en agrupaciones festeras (Armengoles, Cruzados de Cristo, Caballeros del Rey Teodomiro y Cruzados del Pilar) todos los oriolanos se congregaron para intentar consolidar lo que se ha visto ahora premiado con la declaración de Interés Turístico Nacional. En ese año de 1977, se incorporaron dos nuevas comparsas: Huestes de Jaime I y Moros Abdelacies. La primera de ellas desaparecida años después. Así, las comparsas que aún perduran, junto con otras que cambiaron de nombre como los Marinos Corsos (después Seguidores de Arum y Ruidoms), o que desaparecieron como Estudiantes y Cruzados Herodios; fueron las protagonistas de los desfiles en dicho año, con sus embajadores al frente, Claudio Sarabia Serna y Benjamín López Ortega. Por entonces, se llevaban a cabo dos desfiles: Agrupaciones Festeras y Solemne de entrada de Moros y Cristianos.

El programa de fiestas abarcó desde el día 9 de julio hasta el 17, y en él no faltaron verbenas, retreta, salvas, castillos de fuegos artificiales, guerrillas, embajadas, tomas del castillo y ofrenda floral a Nuestra Señora de Monserrate. Por segunda vez, se llevó a cabo el 2 de julio el Pregón de Fiestas que estuvo a cargo del abogado oriolano Manuel Martínez Ros, que había sido presidente del Casino Orcelitano y creador de la Fiesta del Azahar. También, y por segundo año, los integrantes de las distintas agrupaciones intervinieron en la procesión traslado de la patronas Santas Justa y Rufina, así como en los actos del «Día del Pájaro», en cuya misa de la Reconquista, el sermón fue predicado por el sacerdote oriolano, Antonio Roca Cabrera. Ese día tuvo especial relevancia el arribo de los oriolanos ausentes, a cuyo frente se encontraba el presidente de la Casa de Orihuela en Alicante, Antonio Mogica Tafalla.

La Tesorería estaba a cargo de Francisco Javier Portas Lacércel, mientras que era presidente Francisco Tormo de Haro y la Comisión de Fiestas la presidía Antonio Giménez Lozano.

Las fiestas, bajo el punto de vista económico, no pudieron ser mejores, ya que el ejercicio se cerró con un superávit de 15.957,46 pesetas, teniendo en cuenta la subvención del Ayuntamiento de Orihuela por un importe de 99.600 pesetas; del Ayuntamiento de Alicante, de 250.000 pesetas por el desplazamiento a la capital con motivo de las Hogueras de San Juan; y recaudación por la venta de sillas para los desfiles, 1.137.125 pesetas. En el capítulo de gastos, las mayores partidas correspondieron al alquiler de alumbrado y consumo eléctrico, 314.265,60 pesetas, y a la propaganda y revista que supuso, 332.242 pesetas. Esta última llevaba como portada el Primer Premio de Fotografía en Color, original de Francisco Duréndez Díaz, y en ella, aparecían artículos de Antonio Bo García y Antonio Giménez Lozano, la crónica de las fiestas del año anterior, firmada por José Torres López, y el poema de Joaquín Más Nieves, titulado «Romance del mes de julio». Entre los textos de las comparsas, el Cronista de las Huestes Almohábenas concluía así: «Por fin la fiesta acecha, golpes de timbales, danza festera, todos juntos en las filas, en la comparsa, en la carrera, hombro con hombro los que aquí viven junto a los que viven fuera, pero todos aunados en el amor a Orihuela, en las cosas y en las fiestas de esta tierra, que es nuestra dicha, que es nuestra alegría, que es nuestra Orihuela».

Han transcurrido cuarenta años desde entonces.

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