12 de julio de 2017
12.07.2017
En terapia

Lágrimas en la lluvia

12.07.2017 | 04:16

Recientemente, el neurocientífico Jiangyuan Hu y sus colaboradores del Centro Médico de la Universidad de Columbia han publicado un artículo en la revista Current Biology, en el que se demuestra que es posible borrar de manera selectiva los recuerdos. De momento lo han logrado en una babosa marina cuyas enormes neuronas permiten trabajar con más facilidad, pero en unos diez años, será posible practicar este tipo de operaciones en humanos.


Según se cree, nuestro cerebro almacena la información de los acontecimientos aprendidos en las conexiones que existen entre las neuronas y en ese proceso resulta fundamental una proteína llamada Kinasa M. Así, cuando se bloquea la producción de dicha proteína, los recuerdos se pierden.


Este hallazgo permitiría superar más fácilmente, por ejemplo, el trastorno de estrés postraumático, eliminando de la memoria el acontecimiento que lo produjo, o evitar ciertas fobias que se iniciaron a partir de la asociación de un estímulo no dañino con una experiencia desagradable. Imaginemos una persona decide tomar un batido de fresa y, mientras lo saborea, unos delincuentes le atracan propinándole un susto de muerte. Podría ocurrir que, a partir de entonces, el sujeto experimentara aversión a las fresas, por vincularlas con ese momento. En casos como este, el bloqueo de la Kinasa M sería eficaz.


También se ha descubierto que cuando el mecanismo de esta proteína se deteriora, puede producirse una discapacidad intelectual en la persona. Eso nos hace valorar enormemente los futuros estudios que se realicen acerca de este proceso.


Pero más allá de estos beneficios, se nos plantean otras consideraciones éticas, que hasta hace poco, sólo formaban parte de la ciencia ficción. Si usted pudiera borrar algún episodio de su vida ¿lo haría? ¿Aumentaría la posibilidad de volver a tomar la misma decisión una vez olvidado lo aprendido? Realmente, el experimento de Jiangyuan Hu despierta una gran cantidad de cuestiones; como la posibilidad de borrar los propios errores del pasado y de retomar el camino antes de que este se bifurcara.


El largometraje ¡Olvídate de mí!, dirigido en 2004 por Michel Gondry, describe algo parecido. Aquí, la protagonista se somete a un proceso de borrado de memoria selectivo tras terminar una relación amorosa. El recuerdo del affaire desaparece, pero eso sólo la conduce a un nuevo reencuentro. Como alguien dijo una vez: «Quien olvida sus propios errores está condenado a repetirlos».

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