08 de julio de 2017
08.07.2017
Opinión

Teatro: el arte de enseñar disfrutando

08.07.2017 | 04:38
Teatro: el arte de enseñar disfrutando

Hace unos días asistí a una representación teatral que la Muestra de Teatro de Enseñanza Secundaria celebraba en su XX edición. En esta función eran los alumnos del Instituto de Carrús los que subieron al escenario del Gran Teatro para ofrecernos ni más ni menos que La Tempestad, de S hakespeare, dirigida por el veterano en estas lides Antonio Chinchilla. Para no ser muy crítica y sentirme decepcionada, comencé haciéndome la reflexión de que eran estudiantes, ya de Secundaria, pero también adolescentes, y confieso que desde el primer momento de la representación me olvidé de que lo eran; tan veraces actuaban aquellos muchachos que nos emocionaron sacando aplausos y gritos del joven auditorio, y también del viejo, que bien se limpiaban las lágrimas los padres, abuelos y amistades que habían ido a contemplar a sus cachorros. Y yo, rememorando mi larga vida entre adolescentes, me sentí exultante por su triunfo, porque para los profesores cualquier alumno, en éxito o en desgracia, es nuestro alumno por siempre. Por cierto, el aforo hasta la bandera.

Y en el transcurso de la obra, recordé la frase con la que un periodista de este diario comenzaba su reseña diciendo: «Los impulsores de estos eventos aseguran que esa actividad, en los Institutos, está asumiendo un cariz casi terapéutico». Esto me llevó a recordar mi propia adolescencia en donde una profesora que, en la más dura posguerra - les estoy hablando de los años cuarenta, llenos entonces nuestros oídos de cara al sol y viva Franco- tuvo el valor de iniciarnos en estas actividades extraescolares, y fueron de tal calidad que cuando hoy las rememoramos aún nos dejan sorprendidos. Pero ella venía de la Institución Libre de Enseñanza y sabía que estas actividades lúdicas tenían el poder de llenarnos los pulmones de fresca y vivificante ilusión, frente al arduo aprendizaje de entonces por medio de la adusta memoria. El cariz terapéutico?

Pues bien, rebuscando antecedentes a estas vocaciones que crecen en mi pueblo, me tropecé con el año 1964, con los muchachos del PREU, los guateques y el atisbo de un poco de modernidad, y con ellos apareció una compañía de teatro llamada La Carátula al abrigo de la familia González, seguro que todos aún la recuerdan. Creo que fue el refugio de toda la comunidad estudiantil y tuvo un recorrido en el tiempo que, además de hundir sus raíces en nuestro pueblo, viajó por todo lo ancho y largo de este mundo (por cierto, fue miembro del Teatro Independiente y en 1972 obtuvo el Premio Nacional de Teatro Juvenil). Lástima que desapareciera, aunque bien cumplió su misión.

Pues gracias a estas simientes hoy tenemos en Elche una vocación dramática muy arraigada. Desde los colegios de Primaria, pasando por los institutos y nuestra Universidad, casi todos cuentan con estas instituciones. Muchos institutos se han consolidado con antiguos alumnos, hoy ya como directores y a la cabeza de las aulas de teatro apoyando la actividad docente. Pues este aspecto es el que más valoro, puesto que el teatro puede ser un medio excelente para ayudar al joven en su formación, afrontar los miedos, los problemas humanos y solventarlos por la vía de la experiencia. Porque sabemos que no se aprende de aquello que te cuentan, sino de lo que uno experimenta; y ni siquiera se trata de saber, sino de que los chavales adquieran la capacidad de aprender, habilidad que es eficaz en todos los aspectos que afronten en la vida.

Y considerando que la ayuda a la formación de ciudadanos cultos, responsables y honestos es una actividad tan necesaria para conseguir una sociedad sana en todos los sentidos, convendría que las instituciones, que dicen preocuparse porque eso sea así, pusieran más de su parte. El Ayuntamiento, la dirección y profesorado de los institutos, la APAS, las familias? Todos en general deberíamos pensar en ello pues a todos nos incumbe; y, después de la reflexión, manos a la obra.

Déjenme ahora dar las gracias a todos los que se dedican a hacer que cada año, entrando la primavera y hasta que abre el verano, aparezca el Festival de Teatro Escolar y nos muestren trabajos como los de este año. A Antonio Chinchilla, que dirige el grupo de teatro Óscar Martín del IES Carrús, cuya «Tempestad» he visto este año; a David López, director de la muestra dedicada a los centros de Secundaria y, como saben, también director de la compañía Sahara Teatre, que se gestó en el IES Sixto Marco, mi instituto, y a todos los que han hecho posible que la Muestra de Teatro de Enseñanza Secundaria haya llegado a su XX edición. Porque, en esto, todos salimos ganando.

Perdónenme que no deje de dar las gracias, y supongo que también en nombre de mis compañeros de antaño, a doña María Teresa Vega, profesora de Historia, Lengua y Literatura como mínimo, en aquel Instituto Nª Sª de la Asunción de posguerra, porque nos enseñó que el teatro es como una linterna mágica que nos permite conocer tanto el pasado como atisbar el futuro, pero en nuestro presente.

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