17 de junio de 2017
17.06.2017

A quemarropa

18.06.2017 | 04:25

¡Qué calor! Y nosotros encima encendemos hogueras.


Me preguntaba un recién llegado qué hacer las noches de junio para dormir, ya que le han puesto dos barracas en su calle. Aterrorizado, esperaba mi respuesta de experimentado alicantino. No hay otra: baja el primer día y apúntate, reserva mesa e invita a tus conocidos. La calle es nuestra, si no te gusta la fiesta terminará gustándote o al menos te sorprenderá cómo tanta gente tiene oculta su capacidad de no dormir en cuatro noches, beber, tirar petardos, despertar al durmiente y todavía botar en la cremà increpando, como es tradición, a los bomberos.


La policía local, los bomberos y las autoridades tienen mucho trabajo estos días. Las comisiones vuelcan toda su energía en culminar el trabajo de todo un año a sabiendas de que el 25 hay que volver a empezar. El maniqueísmo de los alicantinos alcanza su cenit en estas fiestas, o estás totalmente integrado como Domingo, el del Mercado o Aurora, la del Puerto o Mariano, del Barrio Obrero o Carlos, del Teatro, o no lo soportas y te vas a Londres o a Cancún. Conozco alguno que se refugia en la huerta o se va a Benidorm a bailar anónimamente en el Manila y afines.


La verdad es que nuestras fiestas son algo singular, los restaurantes, tabernas, bares, discotecas ambulantes encuentran lugares donde todavía no hay veladores y te venden cosas tan lejanas como berenjenas de Almagro o pulpo a la gallega. Por supuesto el trabajo se paraliza y, de alguna manera, ya no recuperas el ritmo hasta finales de septiembre. A pesar de los pesares, hay cosas que no tienen parangón: ver a las belleas con sus vestidos y con su ánimo siempre, el olor a pólvora que, aunque tóxico, lo llevamos en el ADN y esos momentos cuando tu amigo barraquer o foguerer te ve y te invita con esas palabras mágicas: «el que faça falta».


Y la música. Es una belleza plástica ver quemar los monumentos y escuchar A la llum de les fogueres, la masa hasta se calla y escucha unos segundos mirando el fuego redentor y de alguna forma entiendes el patiment, el ruido, el no dormir, el exceso, el gentío y piensas: vale; este año me quedo.


Le dije a mi nuevo amigo que tras los días de fiesta hay cinco días de fuegos en la playa. Me contestó: ¿dónde hay que apuntarse?

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