El trolabús

21.04.2017 | 04:17

No, seguro que no; el título del artículo no se debe a ningún error tipográfico, es decir, a un simple salto de tecla que cambia la «a» por la «e», y, por tanto, si se animan a leerlo, no crean que su contenido tiene algo que ver con algún trolebús (ómnibus eléctrico alimentado por una catenaria de dos cables superiores desde donde toma la energía mediante dos astas) ni nada que se le parezca. El título obedece simplemente a una mayor precisión del nombre, Tramabús, con que Podemos ha bautizado su nada original iniciativa, copiada del grupo Hazte Oír, consistente en sacar a la calle un autobús propagandístico con el falso objetivo, en este caso, de denunciar las tramas corruptas en España y, dadas las mentiras, embustes, engaños y trolas con que sus ocupantes-guías pretenden confundir a la opinión pública en beneficio propio, es aconsejable rebautizarlo como Trolabús en honor a la verdad y a una mayor aproximación a la realidad. En efecto, agotada ya la batalla de «la casta», plagiada también en aquella ocasión del chavismo venezolano, y amortizados sus positivos efectos electorales y mediáticos, que los tuvo, toca ahora la batalla de «la trama» para seguir agitando la calle y confundiendo a los ciudadanos, que es lo único que saben hacer, con el único objetivo de mantenerse en el candelero político-mediático, dada su manifiesta incapacidad y pereza de hacer política desde las instituciones en las que ya están y así beneficiar los intereses generales de la ciudadanía. Y la principal trola del Trolabús es convencer a los españoles de que los troleros podemitas pretenden en exclusiva erradicar de cuajo la corrupción y las prácticas corruptas en España, de las que algunos de sus miembros ya participan también, cuando han sido incapaces de aportar ni una sola iniciativa parlamentaria al respecto (al igual que sucede en otras tantas políticas sectoriales), que es el camino adecuado en cualquier Estado democrático para resolver los problemas, y cuando de lo que se trata realmente es sencillamente de una engañosa operación de marketing que les permita recuperar de nuevo un protagonismo político-mediático que han ido perdiendo últimamente gracias a su inoperancia política y al darse cuenta la ciudadanía de que sus ofertas reales consisten en vender gato por liebre.

El plagiado invento del Trolabús, la última ocurrencia del «pablismo» dirigente en Podemos, consiste en poner en circulación un autobús decorado con las caras de una serie de políticos, empresarios y periodistas que, según ellos, representan la «trama corrupta» en España y, rayando lo delictivo, mezclan en dicho decorado a verdaderos corruptos confesos, que ya están en la cárcel, a presuntos corruptos, que están siendo investigados, y a otros personajes públicos que no están incursos en ningún procedimiento judicial ni tienen interpuesta demanda alguna en los tribunales, cuyo señalamiento inquisitorial público sin previa denuncia, que no interponen, rozaría, jurídicamente, figuras delictivas (como injuria, difamación o calumnia) y, políticamente, prácticas fascistas totalitarias para incitar al odio (como los señalamientos públicos nazis contra los judíos o los sambenitos inquisitoriales). Por tanto, los promotores del Trolabus, como en los mejores tiempos del fascismo, señalan públicamente a quienes, con razón o sin ella, consideran delincuentes y dignos de reprobación pública para que se ponga sobre ellos el punto de mira y, al efecto, mezclan en tan indecente pancarta acusatoria a políticos, entre otros, como Mariano Rajoy, Aznar o Felipe González, con otros como Bárcenas, Rato o J ordi Pujol; a empresarios como Blesa, Díaz Ferrán, Villar Mir o Arturo Fernández; e incluso a periodistas como Cebrián o Eduardo Inda, a quien, por cierto, paradójicamente, un juez acaba de dar la razón desestimando la demanda de Pablo Iglesias contra él al considerar «veraz» la información sobre sus cuentas en el paraíso fiscal de Granadinas y, además, condenando al líder podemita al pago de las costas judiciales, quien, obviamente, pretende amordazar al periodista, habitual destapador de casos de corrupción, para que no haga públicas sus miserias o conductas poco edificantes.

En fin, con tan nobles objetivos en el marco del «difama que algo queda», el Trolabús o autobús de las trolas, que ya circula impunemente por Madrid (el del grupo Hazte Oír, fue paralizado «ipso facto» y con toda razón), promete recorrer algunas otras ciudades españolas, mientras el propio Iglesias e Irene Montero, su pareja sentimental y sustituta de Errejón en la dirección de Podemos, actúan como guías inquisitoriales explicando a su antojo «qué es la trama, cómo actúa y dónde tiene sus sedes», dejando claro que la «trama», como la «casta», son obviamente todos menos ellos. Un esperpéntico espectáculo más de Podemos que se suma a los que ya nos tiene acostumbrados en el Congreso de los Diputados, donde no aportan una sola iniciativa parlamentaria que, obviamente, requeriría horas de trabajo, dedicación y entrega, que es en definitiva para lo que los españoles les pagamos sus suculentos sueldos.

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