Confits de canyamó

21.04.2017 | 04:17

Hace un par de años, fui invitado a la celebración del vigésimo quinto aniversario del IES Tirant lo Blanc. En esa ocasión, mientras buscaba ideas para intentar contar algo ocurrente y digno de la efeméride que se celebraba, me di de bruces, casi por casualidad, con un interesante artículo sobre la obra literaria que da nombre a ese centro educativo ilicitano, el Tirant lo Blanc, de Joanot Martorell, publicado en el diario La Vanguardia el 13 de febrero de 1995.

En dicho artículo, Mary Ann Newman, escritora, traductora y lingüista estadounidense, sobrina del dramaturgo Arthur Miller, describe un paralelismo entre el Tirant lo Blanc y la película de Quentin Tarantino Pulp Fiction.

En una escena del filme John Travolta, que da vida a Vince Vega, se encuentra rodeado de espejos en el baño de la casa de Mia, la esposa de Marcellus Wallace, papel interpretado por Uma Thurman.

Elocuente y elegante, en un soliloquio titubeante pero sentido, Vince afirma su lealtad a Marcellus y ensaya su estrategia para resistir la tentación de Mia, bella y seductora, a punto de sucumbir, pero fruto prohibido fuera de su alcance.

¿Qué hacer, frente a la bella dama que lo espera, y que es, a su vez, la esposa de su jefe? Sentimientos encontrados, pasión versus lealtad. Pulp Fiction y Tirant lo Blanc.

Mia, quizá consternada a su vez por análoga pasión y análoga lealtad, inhala una pócima que la deja como muerta. Recuerden la caja de semillas de marihuana que se toma la emperatriz antes de su encuentro con Hipólito, cuando los médicos le dicen: «Bo serà, senyora, que vostra majestat prengui uns quants confits de canyamó amb un got de malvasia, que us alleugeriran el cap i us faran dormir».

Estos paralelismos entre una obra maestra del Segle d'Or de les lletres valencianes y una película de culto del siglo XX nos muestran que en la historia de la humanidad se repiten, de forma insistente, los mismos patrones de conducta y que las mismas pasiones que movían a los hombres del siglo XV son las que hacen girar el mundo hoy en día.

Pero si hay algo que ha cambiado de una forma extraordinaria, no ya en los últimos cinco siglos, sino en los últimos cinco lustros, es el paradigma educativo.

El vertiginoso cambio que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación están provocando en el tejido productivo y en la sociedad, así como la generalización de la enseñanza obligatoria que se ha conseguido en este período, han provocado que ni los alumnos sean iguales ahora que hace veinticinco años ni, por supuesto, lo es la labor de los que nos dedicamos a la educación.

Los cambios de modelo siempre generan zozobra, pero tenemos que ser capaces de adaptarnos a los nuevos tiempos y avanzar juntos para conseguir que los próximos veinticinco años supongan una etapa en la que, tras conseguir en nuestro país una necesaria democratización del acceso a la educación, consigamos también un consenso que nos permita ahondar ahora en la calidad de esa educación.

En Elche existen en la actualidad ciento trece centros educativos no universitarios de todo tipo. De ellos, cincuenta y ocho son colegios de Infantil y Primaria, entre públicos, concertados y privados. Todos y cada uno de ellos tienen una impronta propia, reflejo de sus respectivas comunidades educativas. Pero siempre han tenido en común, y por ello han sido puestos como ejemplo en el resto de la provincia, un buen clima de trabajo y unas buenas prácticas docentes.

Lamentablemente, ese clima se ha ido enrareciendo en los últimos cursos por motivos ajenos a la comunidad educativa ilicitana, principalmente por la pugna entre los defensores y detractores de la jornada continua, por el Decreto de Plurilingüismo y por la amenaza de supresión de conciertos educativos.

El asunto de la jornada continua, con una regulación que no contenta ni a tirios ni a troyanos, ha generado una situación de crispación en muchos centros que ha desembocado en lamentables enfrentamientos entre padres y profesores e, incluso, entre los propios padres.

Por lo que se refiere al Decreto de Plurilingüismo, ya acumula nueve recursos ante el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana. Veremos el recorrido de esos recursos pero, desde mi modesto punto de vista, el Decreto vulnera derechos fundamentales de los padres con respecto a la educación de sus hijos.

En cuanto a la posible supresión de conciertos educativos, creo que no es de recibo que en una ciudad como Elche, en la que la enseñanza concertada tiene un peso muy pequeño, de entorno al 15% del total del alumnado, se plantee siquiera esa posibilidad, pues coartaría totalmente la libertad de elección de las familias.

Sé perfectamente que en todos estos asuntos la capacidad de maniobra del Ayuntamiento y de la Concejalía de Educación es muy limitada, pues no tiene competencias sobre ellos. Pero también es cierto que a la comunidad educativa de Elche, en especial a los equipos directivos y a las AMPAS de los centros, les gustaría sentirse más arropados por su Administración más cercana frente a los vientos que soplan del norte.

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