19 de abril de 2017
19.04.2017

Yo no me subi a su autobús

19.04.2017 | 04:10

Ahora toca autobuses, están de moda. Todo menos sacar faena. Viva el bodevil, viva el espectáculo callejero. Hazte oír gente de la calle, el autobús de Podemos a tu disposición para desenmascarar la trama corrupta de este país. Si no te gustó aquel bus, aquí tienes el nuestro. Protesta que algo queda, confunde que algo sacaremos en limpio, o en sucio, lo mismo da que da lo mismo. Sencillo, infantil, atractivo para bausanes. Se abre el telón y aparece Pablo Manuel cantando aquello de «agradecido y emocionado, solamente puedo decir, gracias por venir», y da inicio el recorrido urbano. Ya está el vodevil en movimiento, directamente desde el Congreso de los Diputados en recorrido por toda la piel de toro, también por carreteras secundarias, faltaría más. El color azul popular, como no podía ser de otra. Los lemas, sacados del sociólogo de cabecera Rubén Juste, la espada flamígera que señala en su último libro al poder entre bambalinas del escenario político español, convertido en manual imprescindible del buen podemita.


El autobús que tiene en sus laterales los rostros pintados de Bárcenas, Pujol, Rato, Cebrián, González, Aguirre o Aznar, y hasta Rajoy de espaldas, es una amalgama tan injusta como hecha a conciencia, tan deleznable como falaz. Intentan con ello estos nuevos pero rancios antisistema, poner el ventilador en marcha y desprestigiar personas e historia reciente de la democracia española y su Constitución del 78. Ponen al mismo nivel a condenados o encausados por corrupción, con dirigentes políticos que han llegado a ser presidentes del Gobierno, y cómo no a empresarios o periodistas que pasaban por allí. Todos culpables de los males que aquejan a la gente, esos por los que claman pero por los que todavía no han sido capaces de legislar a favor. Prefieren seguir su camino, esta vez montados en un autobús, para aleccionar desde el rencor y el enfrentamiento hasta en el rincón más apartado de la geografía española. Todo lo contrario de aquel mítico Blues del autobús que, con Miguel Ríos a la cabeza, recorrió España llevando alegría y ritmo.


Tramabús, le llaman. Así lo han bautizado, el ingenio al poder. Parten a conseguir más prosélitos para su causa con la bendición del Ayuntamiento madrileño, que raudo se ha apresurado a manifestar que puede, y debe, le ha faltado decir a la fuente municipal, recorrer las calles capitalinas pues no contraviene ordenanza de publicidad exterior del consistorio capitalino, que entre compadres no nos vamos a pisar la manguera. Otra cosa es lo que lleven en el interior, ahí no se meten por si acaso tienen la tentación de aportar y se les ve el plumero. Una de las frases escritas en el exterior marca la intelectualidad de quienes dirigen el cotarro del bus: «Un vaso es un vaso, un plato es un plato, una mafia es una mafia». Impresionante silogismo.


Se esmeran en intentar aportar algo al lenguaje, aunque sea desde la parvularización de los conceptos, o desde la utilización eufemística de lo dicho en otros tiempos siniestros de nuestra historia. Que si gente, que si círculos, que si casta, y ahora llega el gran descubrimiento, la trama. Un nuevo universo que la Real Academia de la Lengua pone a su servicio. Todos los que no sigan sus consignas, sus preceptos, son o pertenecen a la trama. Todos ejercen el poder, fáctico, oligárquico, o político, este a través de las urnas en elecciones que siempre ponen en solfa por medio de sus acólitos en las redes sociales, desde la doblez, el disimulo, con engaño, simulación o fraude. Todos tienen la voluntad deliberada de cometer delito a sabiendas de su ilicitud. Llevan adelante su voluntad maliciosa de engañar, de causar daño, de incumplir obligaciones contraídas. Todos menos ellos, que nos traen la buena nueva, el nacimiento de un nuevo sistema que por el momento no quieren definir, un nuevo orden que están por organizar. Ellos que tienen como referente personal y político a los que una vez logrado el poder a través de un sistema democrático, lo retuercen, lo subvierten de tal forma que se hacen eternos en la cima del poder y acaban con la diversidad que dicen defender. Partido de la gente, partido único. Una historia tan triste como verídica. Muy cerca de nosotros, un devoto del autoritarismo, previo autogolpe con miles de encarcelados, acaba de hacerse con la sublime puerta tras controlado plebiscito, nueva edición del imperio otomano. Yo no me subo a su autobús.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine