30 de noviembre de 2016
Tribuna

¿Quo vadis, Alicante?

30.11.2016 | 08:36

Observando días pasados en la importante celebración social del 75 aniversario del diario INFORMACIÓN a los numerosos personajes ilustres que allí se encontraban, me vino a la mente preguntarme con cierto masoquismo si alguno de ellos sería capaz de definir con solvencia hacia dónde podría caminar la provincia de Alicante, y cómo tendría que hacerlo para el bien de todos sus ciudadanos, los del norte y los del sur, y no solamente los de su capital.

Adivinar hacia dónde camina en los últimos tiempos la provincia no requiere gran esfuerzo y no hay que ser un lince para ello: parece evidente que camina, y lo hace a grandes zancadas, hacia una decadencia creciente a tenor de los índices económicos y sociales que se publican periódicamente que así parecen indicarlo; contando, como suele ser habitual, con la dejadez manifiesta de sus políticos, incapaces de ejercer un liderazgo solvente y eficaz que beneficie los intereses de los ciudadanos, por encima de los propios y el de sus partidos políticos.

Asumo que responder a la cuestión no resulta fácil porque ya lo han intentado cuatro planes estratégicos que conozcamos sin que lo hayan conseguido, posiblemente porque no han tenido presente en sus planteamientos de partida la evidente debilidad de la provincia, social, económica y políticamente frente al egoísmo institucional de Valencia, que como capital de nuestra Comunidad todo lo acapara, llevándose la tajada más grande del pastel autonómico, sin que realmente le interese que prospere ninguno de dichos planes.

Y también, y hay que decirlo alto y claro, porque Alicante capital no ha sabido comprender y liderar generosamente una provincia como la suya, que presenta la anormalidad de que la distribución de sus pueblos en el territorio tienen una potencia tan grande o mayor que la suya.

Una provincia que requiere y necesita una vertebración y desarrollo coherente con su innegable potencial, que no esté permanentemente pendiente de un liderazgo –porque no se lo merece– de una capital que según se ve por su comportamiento no quiere o no sabe ejercer sus funciones como tal, al pasarse la vida pensando única y exclusivamente en sí misma, sin saber hacia dónde caminar, mientras olvida todo lo que tiene a su alrededor como puede ser, sin ir más lejos, todo el territorio de Elche y su entorno. ¿Me quieren decir ustedes cuántas inversiones y esfuerzos ha hecho la Diputación de la provincia en Elche para potenciar y vertebrar su territorio con el Alicante y su entorno, que tendrían que funcionar paralelamente unidos por simple sentido común? Pues creo que ninguna que merezca la pena, si es que ha hecho alguna.

Ahora nos dirán los políticos valencianos –y tristemente también los políticos alicantinos que deben su puesto a Valencia– que ya estamos otra vez con la cantinela de siempre, que los agravios no existen y que somos unos quejicas, mientras nos adormecen con su reiterativo bla, bla y bla para que todo siga igual, tratando de ocultar una realidad que por mucho que se pretenda ocultar, resulta imposible de poderse hacer, sin más que echarle un vistazo por encima a cualquiera de los indicativos de comparación que se manejan para estos menesteres, tanto entre Valencia-Alicante como entre Alicante y su provincia.

Veamos simplemente dos de estos indicativos a modo ejemplar entre Valencia y nuestra provincia para no abrumarles con ellos excesivamente:

1. Las inversiones públicas en Valencia oscilan entre un 50 y un 70% mientras que en nuestra provincia lo hacen entre un 25 y un 30%; es decir, se duplican claramente en exceso para Valencia cuando su población tan solo supera a la alicantina en un 13%. Sobran los comentarios.

2. Si analizamos los presupuestos de la Generalitat en sus inversiones, los porcentajes que se lleva Valencia oscilan entre un 50 y un 60%, mientras que Alicante se mueve en el entorno de un 25%.

Lo dicho, y bastantes cosas más que no vienen al caso por no aburrirles con cifras y datos, han creado una situación en la que el ciudadano alicantino recibe una inversión muy por debajo de la que recibe el ciudadano medio español y muy por debajo también de la que recibe un ciudadano de Valencia, y obviamente existe también un lamentable diferencial entre un alicantino de la capital y un alicantino de su provincia.

Y esta realidad no se puede seguir escondiendo y tapando, con declaraciones institucionales valencianas y de político afines de higos a brevas, que no se las creen ya ni quien las dice; y no se pueden seguir tapando con visitas de fines de semanas y discursos genéricos de corta y pega, y con romerías disfrazados de huertanos con unas cañas en las manos, y luego seguir ninguneando a la provincia en todos los campos, empezando por el cultural como puede ser a vuela pluma el Misteri de Elche, o el conjunto monumental de Orihuela del que nunca se habla. ¿Por qué se consintió que el AVE diera un rodeo de 100 kilómetros para llegar a nuestra provincia? Pues porque a Valencia le importó un pimiento. ¿Cómo se puede reivindicar los trasvases de agua del Tajo y del Ebro para potenciar la agricultura más rentable de España si la propia Valencia nos niega un agua del Júcar digna? ¿Cómo es posible que Valencia tenga estaciones lujosas de metro, Ágoras que no sirven para nada, y puentes calatraveños y no hayamos podido los alicantinos vertebrar el aeropuerto mayor de nuestra Comunidad con un TRAM entre Elche y Alicante? ¿Cómo es posible que Valencia haya gastado lo que ha gastado en el edificio Veles e Vents para la América's Cup y en la Fórmula 1, y para la regata de la Volvo nos hayan dado a los alicantinos unas lonas y un paseo elevado incompleto? ¿Cómo es posible que sistemáticamente Valencia haya dado la espalda al desarrollo potencial tan importante que tiene toda el área industrial del Vinalopó? ¿Cómo es posible que Valencia en vez de potenciar pretenda quitar protagonismo a todo lo que representa la industria hotelera que existe entre Dénia y Benidorm? ¿Y qué va a pasar con el Corredor Mediterráneo? ¿Creen que es razonable resolver la estación del Ave en Elche como se pretende resolver? ¿Y nuestro denostado Puerto, que con amores que matan algunos vecinos capitaneados por un ilustre concejal quieren convertirlo en un yacusi para la ciudad en vez de ser un factor generador de riqueza? ¿Y para qué quieren los alicantinos una televisión autonómica que solo servía de autobombo de Valencia y de los políticos de turno, habiendo otras necesidades más perentorias? Dejémoslo aquí.

Pero de todo esto los alicantinos no podemos echarle la culpa a nadie, los valencianos hacen lo que hacen porque Castellón y Alicante se lo permiten.

Hasta que Elche y Alicante, y especialmente esta última, no sean capaces de resolver sus miserias y egoísmos, y en esto creo que la más perjudicada siempre ha sido Elche, nunca seremos capaces de crear seriamente un espacio metropolitano fuerte, vertebrando todo el territorio que abarcan ambas ciudades, sin que ninguna pretenda ser protagonista al hacerlo por tener un peso similar.

Y si entre todos no lo hacemos, es decir, si no somos capaces de desarrollar entre ambas ciudades un puerto, un aeropuerto, un área industrial, comercial y lúdica por encima de las mezquindades políticas y de otros tipos que existen en el presente, nunca conseguiremos crear un núcleo potente reivindicativo capaz de actuar de contrapeso del lobby valenciano que nos paraliza y retrasa.

Y en estas lides, al margen de los legítimos intereses comerciales que pueda tener el diario INFORMACIÓN, tenemos serias dudas si no es contraproducente publicar ediciones distintas para Elche y Alicante, porque más que unir ambas ciudades, pensamos que propician desencuentros y olvidos.

Alicante como provincia estratégica, sin liderazgo que la potencie y dirija, podrá seguir subsistiendo merced a las iniciativas individualizadas que, afortunadamente, haberlas las hay, aunque cada vez en número menor y mucho más desanimadas, cansadas de luchar contra políticos de corto alcance, incapaces de comprender y ayudar al empresariado comprometiéndose seriamente con el mismo en su desarrollo, porque anteponen perennemente sus visiones viscerales a los intereses generales y porque en su vida han sabido crear riqueza y puestos de trabajo que no sean los de sus comedores particulares.

Posdata: Escribiendo estas líneas falleció la señora Rita Barberá que, como pueden adivinar por lo escrito, políticamente no ha sido santo de nuestra devoción por el manejo manifiestamente egoísta con el que ha sabido manipular a todos nuestros presidentes en beneficio de Valencia. A título personal, solo le deseamos que descanse en paz y ojalá les sirva de ejemplo a nuestros alcaldes, porque si hubiésemos tenido políticos de su talla con sus luces y sombras, con plena seguridad, no hubiésemos escrito lo que hemos escrito. No hubiese sido necesario hacerlo porque nuestras ciudades se habrían tratado como se ha tratado a Valencia.

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