30 de noviembre de 2016
En terapia

Habilidades sociales

La asistencia a un grupo terapéutico puede hacer que mejoremos

30.11.2016 | 08:36

Las habilidades sociales son un conjunto de destrezas interpersonales que la persona va adquiriendo a lo largo de toda su vida y que definirán en gran medida su éxito en todos los ámbitos. Concretamente nos referimos a la capacidad para posicionarse, manteniéndose firme a sus criterios y principios de forma flexible, es decir, siendo capaz de integrar nuevos aprendizajes y desarrollar nuevos conceptos para comprender y adaptarse al entorno cambiante en el que vivimos. La asertividad, competencia para expresar de forma adecuada y adaptativa lo que realmente siente y piensa. La empatía, o habilidad para comprender y experimentar lo que sienten y piensan los individuos que nos rodean. La inteligencia emocional, fundamental para gestionar nuestras vivencias, y expresar nuestros sentimientos, ya sean agradables o desagradables.

De todas estas capacidades dependerá nuestro éxito laboral, el número y calidad de nuestras amistades, el desarrollo de nuestra relación de pareja, nuestra autoestima... Sin embargo, lo cierto es que para el buen uso de nuestras habilidades sociales se requiere la activación de las áreas cerebrales más especializadas, aquellas que nos diferencian del resto de animales. Se trata quizá del proceso intelectual más complejo al que debe enfrentarse nuestro cerebro, y es por ello que la mayoría de las personas nos beneficiaríamos de realizar actividades prácticas que nos ayuden a mejorarlas.

Cuando un paciente acude a una consulta de psicoterapia para mejorar su capacidad de relacionamiento se plantean algunos asuntos prácticos que podríamos considerar. En primer lugar, ¿qué escuela de psicología le resultará más útil? ¿Qué pasos han de seguirse en el tratamiento? ¿Cuándo podemos considerar que tenemos un problema real en esta área?

Para responder a la última pregunta digamos que es susceptible de terapia toda persona que experimente problemas en su día a día en una o más facetas de su vida. Si se siente incapaz de generar nuevas amistades, posicionarse ante sus compañeros de trabajo o de estudios, comprender los sentimientos de su pareja, ser capaz de mantener un diálogo eficaz cuando resulta necesario solucionar un problema con otra persona?

En cuanto al enfoque psicoterapéutico, nosotros recomendamos un estilo de tratamiento integrativo, es decir, aquel que se nutre de diferentes escuelas. Según este planteamiento, podrían usarse técnicas psicodinámicas que nos permitirán detectar el origen del problema, como pudiera serlo un conjunto de traumas infantiles y represiones inconscientes. Ejemplos de ello serían aquellos padres que no permitían a su hijo expresar la rabia, por ejemplo, o que le anulaban, como sería el caso del Estrago materno.

También sería muy útil extraer del enfoque cognitivo-conductual, técnicas como la exposición progresiva a situaciones sociales estresantes, listar los pensamientos irracionales que tenemos cuando otra persona nos mira por la calle, cuando debemos de exponer delante de un público numeroso, o cuando tomamos café con una persona por la que nos sentimos atraídos.

Desde el enfoque sistémico, sería muy interesante proponer la participación en el tratamiento de otros miembros relevantes para el paciente: los padres, la pareja, algún hermano? Con ello, el psicólogo podrá formarse una idea más realista de las pautas de interacción que componen el legado familiar, el afrontamiento de conflictos y los temas que resultan tabú para ellos.

Señalemos, para finalizar, que el entrenamiento de este tipo de habilidades se llevará a cabo mucho mejor si es dentro de un grupo terapéutico que en consulta individual. Muy probablemente este esfuerzo por mejorar nuestras habilidades sociales será uno de los mejor recompensados de nuestra vida.

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