23 de noviembre de 2016
Tribuna

Biar, un pueblo «raro» como ejemplo

23.11.2016 | 05:08

En una provincia de casi dos millones de habitantes pasa desapercibido un reducto en plena montaña de 3.700 personas. En realidad, para la mayoría no somos ni cuatro manzanas de una ciudad como Alicante o Elche donde se concentran tantas personas como habitantes tiene Biar, lo que nos sume en el ostracismo mediático y público. Pero debajo de esa luz de gas, Biar esconde en sus 3.700 habitantes y en su término municipal un resumen del potencial de una tierra, la Comunidad Valenciana, que no termina por explotar.


Estos 3.800 habitantes viven en un término municipal de casi 100 kilómetros cuadrados, de los que más de la mitad son superficie forestal (un tesoro medioambiental en una provincia semidesértica). Al propio tiempo, en Biar se concentra un patrimonio histórico, artístico y cultural de incalculable valor: su casco antiguo medieval es uno de los mejor conservados de la Comunidad Valenciana. Y, si a todo ello unimos su carácter de población fronteriza, nos encontramos con una población con un fuerte y peculiar sentido identitario que hace a los biarenses «diferentes» y, quizás, «raros».


Y es que, en efecto, Biar es un pueblo «raro»: verdor en medio de la aridez; agua entre tanta sequía. Raramente bello y absolutamente fotogénico. Defensor a ultranza de su cultura y de sus tradiciones, ha sido un baluarte en la salvaguarda de su lengua, el valenciano, conservando con mimo su patrimonio artístico y preservando cuidadosamente su legado cultural sin que nadie se sintiera excluido ni ningún otro se sospechara por encima del próximo.


Vale como ejemplo sus también «raras» que hemos sabido convertir en nuestros grandes eventos, sin despilfarrar ni robar a nadie. Exportamos nuestras fiestas de Moros y Cristianos, únicas en su estructura, con figuras tales como La Mahoma y actos como la Baixada de la Marededéu y sus Fogueres o el Ball dels Espíes. O su «rara» y medieval fiesta de El Rei Pàixaro, o la de Sant Roc, también medieval y «rara», con su misa desde una ventana; o la de Santa Llúcia, el Sants de la Pedra o Sant Ramón, en sus ermitas de tiempos de la Reconquista. «Rara» es también su Semana Santa, negra, como las de Teruel o Zamora, en contraste con las coloridas del Sur de España, con cofradías y costumbres de origen también medieval.


¿Y su gente? ¿También somos «raros» los biarenses? También. Ciertamente somos un pueblo muy conservador en cuanto a lengua, cultura y costumbres, quizás demasiado orgullosos de ser lo que fuimos. Seguramente soñamos más de lo que deberíamos con nuestro esplendoroso pasado lejano. Pero créanme si les digo que también estamos orgullosos de nuestro pasado no tan lejano, en el que Biar fue pueblo de emigrantes: de geladors, de segadors, de teulers, de castellers en definitiva. Orgullosos de nuestro presente industrial. Y orgullosos de nuestro futuro turístico.


Biar es un pueblo que ha sabido siempre adaptarse al medio y a las circunstancias de cada época, sin perder ni un ápice de su particular y «rara» esencia. Los jóvenes biarenses -como tantos en toda España- son también «carne de emigración» a otros países, pero con una diferencia: els biaruts pasearán su orgullo (y su «rareza») por allá donde vayan. Siempre. Y son de los que vuelven. Siempre.


Y esa fuerte individualidad que es Biar, esa colectividad fuertemente diferenciada que es Biar, esa «rareza» que nos caracteriza es un indudable activo que hemos de fomentar y, sin duda, que hemos de aprovechar. El fenómeno turístico no es nuevo aquí: hace ya más de un siglo que los «senyorets» de Valencia descubrieron las bondades de Biar; luego fueron los de Alicante y los industriales de las poblaciones cercanas quienes encontraron aquí el lugar donde establecer su segunda residencia. Y, en los últimos años, y de manera natural y espontánea, el fenómeno turístico ha venido creciendo hasta, casi sin querer, situar a Biar como un referente del turismo de interior.


Cuidadosos, como siempre hemos sido los biarenses, no deseamos que un crecimiento descontrolado nos pueda llevar a perder nuestra singularidad: no queremos hacer de Biar un «parque temático», porque somos un pueblo vivo. Biar es un conjunto monumental, pero no es una maqueta; Biar es verde, pero no es un campo de golf; Biar es un montón de fiestas peculiares, pero no es un teatro viviente. Porque Biar es su gente, y nuestro pueblo es de su gente.


Definitivamente, hemos de pensar, definir y articular, con cuidado y con cariño, qué futuro queremos para Biar, sin olvidar nuestro pasado ni ignorar nuestro presente. Debemos plantearnos el panorama turístico, agrícola, industrial, medioambiental de nuestra tierra? Y en ello estamos. Hagamos lo mismo para el conjunto de nuestra Comunidad Valenciana.

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