15 de noviembre de 2016

Leonard Cohen: más que músico

15.11.2016 | 04:45
Leonard Cohen: más que músico

Nos ha dejado «el viejo Leonardo», como nos gustaba mentarle cuando este gran cantautor estaba en plena madurez, y de viejo no tenía nada. Se ha apagado una voz grave pero muy especial ya que sin apenas inflexiones podía ser seductora, o desgarradora, dependiendo solo de su sensibilidad con la que arrasaba ante el micrófono.
Lo que no todo el mundo sabe es que, por encima de su calidad y fama de cantante, su verdadera vocación era la de poeta. De hecho, si se acercó al mundo de la música folk a probar suerte, fue por su decepción ante la falta de éxito en la literatura a pesar de las buenas críticas que recibió en Canadá como poeta. El primer libro que publica Cohen lo escribió antes de los veinte años dedicado a su padre ya fallecido. La mayor parte de su poesía la escribió durante la década de 1960 en la isla griega de Hidra, donde tenía una de esas bonitas casas blancas en lo alto de un pequeño pueblo, antes de decidirse por la música.
Él tenía treinta y tres años ya cuando se trasladó a los Estados Unidos desde su Quebec natal a cantar, encontrándose con el éxito gracias a su icono musical Suzanne. Pero estuvo siempre detrás del exitoso músico el gran poeta Cohen como se lo reconoció el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en la 31ª edición. Y a pesar de que soy un devoto de sus canciones, quiero centrar mi homenaje a este tipo elegante y singular con lo que yo entiendo fue la madurez de su poesía en 1984, cuando publicó El libro de la misericordia (Book of mercy), que obtuvo el premio Canadian Authors Association Literary Award a la poesía. Se trata de cincuenta poemas en prosa que escribe cuando se encuentra anímicamente roto tras su ruptura con Suzanne Elrod y la separación de sus hijos. Y lo hace en su pequeña caravana en medio de la campiña de la Provenza francesa, hasta donde se fue Leonard Cohen a principios de los años 80 para dar rienda suelta a su introspección vital en forma de lo que él mismo llamó oraciones; y lo explicaba así: «A veces uno se encuentra con la espalda contra la pared, sin nada que decir, y el único idioma que puedes utilizar es el lenguaje de la oración».
Una experiencia diáfana y llena de hondura a la vez, dolorosamente hermosa porque la elegancia sobrevuela todas las palabras del poeta que se aferra a la verdadera esperanza lleno de humildad. Su lectura es diáfana y reconforta. En realidad, solo por el poema 44 al final del libro, ya justifica el interés por este libro, en feliz coincidencia con el Año de la Misericordia instaurado por el Papa Francisco. Tenemos la suerte de que El libro de la misericordia está editado en castellano por Visor y yo se lo recomiendo rotundamente a los lectores, a nada que conserven una brizna de espiritualidad, sin que haga falta ser religioso para disfrutar con el talento del viejo Leonardo. Con sus poemas leídos pero también cantados. Descansa en paz, maestro.

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