08 de noviembre de 2016

Rajoy desperezándose con la izquierda de mudanza

08.11.2016 | 13:34

Después del alumbramiento del Gobierno, como en esos partos difíciles de varios días y al final con fórceps, Rajoy quedó tan agotado que ni pudo leer en público la lista de agraciados. Mandó una nota y punto. A la ministra Dolors Montserrat le dio la buena nueva en un entierro, solo 50 minutos antes de la audiencia con el Rey. Es el estilo Rajoy: meses, semanas, días y días para reflexionar y prisas a última hora. A Alberto Fabra le hizo saber que sustituiría a Camps en la Generalitat Valenciana también de emergencia, y lo pilló en un probador comprándose unos pantalones. Falta aún la pedrea de secretarios de Estado que quizás acomode a alguien de la joven guardia popular que se ha quedado en blanco y sin expectativas de ascenso en su partido, toda vez que la señora Cospedal se atrinchera en el generalato del PP. Una señora de armas tomar. Poca renovación, pues, pero intensa recomendación de diálogo. A ver si da algunos frutos y pronto.
Esa es la clave: algunos frutos y pronto. El año de bloqueo político ha dejado pudrir muchos asuntos que exigen una intervención inmediata. Eso sería perfectamente posible porque el programa está claro en la lista de 150 acuerdos con Ciudadanos, de los que el PSOE firmó 100 en primavera por lo que no debería existir problema para una maratón de reformas, antes incluso de Navidad. Son las «pancartas de Rivera» frente a las «pancartas sin concreción» de Pablo Iglesias, según le espetó en el Congreso el líder de Ciudadanos. Materias relacionadas con autónomos, dependencia, libros de texto, ayudas a las pymes y tantos otros asuntos que no necesitan de grandes debates, ni mayorías parlamentarias reforzadas. Solo voluntad política y decisión. Si con todo a favor y la izquierda de mudanza, Rajoy no marca goles, su equipo merecerá el descenso. El país exige una goleada de reformas.
Pero, además del estrago del bloqueo político de casi un año, la cirugía orgánica para lograr el desbloqueo, ha dejado heridos de consideración en el PSOE. Y no sólo Pedro Sánchez, que salió grave y se metió él solito en la UVI con sus declaraciones a Jordi Évole. Sin venir a cuento le dio la razón a Javier Fernández, presidente de la Gestora, cuando advirtió que «el PSOE se había podemizado». Entonó su mea culpa por no haber entendido la fuerza de Podemos y Pablo Iglesias le respondió con displicencia que «la explicación suena honesta pero llega demasiado tarde». Sánchez tiene cada semana menos posibilidades de hacerse con el partido en el futuro Congreso y, además, ha visto cómo Patxi López da un paso al frente, con lo que ya son tres los aspirantes potenciales: Sánchez, Susana y Patxi. Este último muerde en el electorado militante de Sánchez, al que fue leal hasta su salida, y tiene el respeto de algunos barones que cantan, aunque desafinados, en la escolanía de Susana. Pero quizás surjan más.
Mientras, Podemos libra una cruda batalla interna en Madrid, además de Canarias y otras comunidades. Pablistas contra errejonistas. En Madrid, al candidato pablista, Ramón Espinar, le han sacado sus treinta mil euros ganados en pura especulación sobre una vivienda de protección oficial, asunto sobre el que mintió, como el ministro Soria que tuvo que dimitir por ello, en su primera rueda de prensa. Cayo Lara lo tiene claro: «Especular es especular». Iglesias, contrariado, calificó el comentario de «miseria moral». La que se hubiera montado si el especulador, hecho éste indiscutible aunque parece que legal, hubiera pertenecido a otro partido.
El episodio tiene su interés porque frente a los que teorizaron alguna quimera, demuestra que Podemos es un partido como los demás que también tira de doble moral cuando tiene que encubrir irregularidades. Para el senador Escolar «todo es producto de una conspiración de los poderosos porque temen mi candidatura», argumento más infantil, acaso escolar, que otra cosa. Aunque a Fernando Ónega eso le suene a «franquismo». El otoño, sin duda, promete.

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