28 de octubre de 2016
Tribuna

La llama de Lorenzo Aguirre

28.10.2016 | 04:05

Que la llama no se apague a través de nuestro reconocimiento. Yo pido eso. Su obra estuvo oculta y sin poder ser disfrutada en las salas de exposiciones durante medio siglo. Aún con todo, su pintura está viva. Ésta respiraba en sigilo durante la inacabable posguerra, pero permanecía vigente y en una constante evolución. Una evolución que se agrandaba desde la propia introspección de la vida. Ha sido mucho, demasiado tiempo el del olvido de los alicantinos. De esas cosas que el mundo de la cultura y la ciudadanía no debieran permitir. Sobre todo, los implicados de una manera directa en la difusión de la cultura, la política y los medios de comunicación. 2017 será el año, aunque hay que prepararlo desde ahora. Sí, un año para reflejar una conmemoración terrible, la de su muerte pero ¡perdón! en realidad quise decir asesinato. Se cumplirán 75 años de aquel triste suceso.

Imaginen un engaño, imaginen una traición e imaginen una España gris, miserable y adoctrinada. Una atmósfera de posguerra de un fatídico 1942. Lorenzo Aguirre nuestro gran artista plástico y nuestro primer cartelista de Fogueres de San Chuan como se rotulaba antaño, cruzaba del exilio francés rumbo de nuevo a España. Ante el estallido de la 2ª guerra Mundial y el acercamiento de los nazis a París hizo que decidiera volver con su familia a España. Creyó que no tendría problema alguno en rehacer de nuevo su vida aquí. Podría de nuevo reencontrarse con su esposa y tres hijas pequeñas. ¡Bien entonces! Cruzó la frontera e inmediatamente fue detenido y posteriormente hecho prisionero en la cárcel de Porlier, en el centro de Madrid. Ahí sería juzgado por una justicia, que no por la (inexistente) justicia. A él se le atribuirían delitos absolutamente infundados para finalmente ser condenado a garrote vil.

Acabó todo y más acabó con el sepulcral silencio, insensibilidad y desprecio que durante décadas acompañó su paso por esta ciudad. Pero no lo permitamos. Deseo el mejor Alicante posible y por tanto, la reconciliación con nuestro pasado es una pieza fundamental. Este alicantino que no de cuna, dicen los que le trataron, era una persona afable, generosa, de gran corazón, implicada y muy amiga de sus amigos. Si estaba en su mano ayudar a un amigo, no lo pensaba dos veces.

Oriundo de Pamplona y de padres vascos, aprendió pronto el valenciano, una lengua que hablaba y escribía perfectamente como reflejan sus artículos publicados en la revista El tio Cuc o sus obras teatrales de ambiente festero. En su juventud se interesó por las tradiciones y fiestas de Alicante. Escritor de sainets foguerers o de cartelista le hicieron muy popular y desde 1928 a 1932 sus carteles sirvieron para anunciar las fiestas de las Fogueres, los Carnavales o las verbenas organizadas por la Junta Municipal de Beneficencia. Si faltaba algún detalle para completar su polifacética carrera artística, durante tres años consecutivos participó en la construcción de Fogueres, y obra suya es, por ejemplo, el primer monumento fogueril que se instaló en Alicante, en la plaza de Gabriel Miró. Como verán un artista multidisciplinar como pocos.

Coincidiendo en año con la muerte de otro ilustre como es Miguel Hernández, pido a Alicante el reconocimiento oficial como digno es de hacerse a la figura de Lorenzo Aguirre y en este próximo año, 75 aniversario de su asesinato, se le conmemore como merece.

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