27 de octubre de 2016
El ojo crítico

En torno a Mola y Sanjurjo

27.10.2016 | 04:25
En torno a Mola y Sanjurjo

He dejado pasar algo de tiempo para enfriar la polémica y los ánimos. Pero ocultando la realidad no mejora la Memoria Histórica. Dicho lo anterior, recuerdo al que ha sido el ministro del Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz, cuando se refirió a la exhumación de los restos de los militares alzados contra la República Emilio Mola y José Sanjurjo de la cripta del Monumento a los Caídos de Pamplona, que «lo que interesa a España y a los españoles, a Navarra y a los navarros, es mirar al futuro, no mirar aquello que nos divide, sino mirar aquello que nos une».

El teniente general Sanjurjo era navarro. Ocupó importantes puestos en la dictadura de Primo de Rivera, protagonizó un fallido golpe de Estado a la República en agosto de 1932 para acabar exilado en Portugal. Fue uno de los militares más activos en el golpe de Estado de 1936, al punto que llegó a ser el comandante en jefe de los sublevados al inicio de la rebelión. Pero murió en accidente de avioneta cuando se dirigía a tomar el mando rebelde. Le apodaron El león del Rif por sus andanzas en el desembarco de Alhucemas como máximo responsable de las tropas de tierra.

En 2005, se presentó una proposición no de ley para que se investigara si España utilizó gas mostaza en la guerra del Rif. La proposición fue rechazada y el caso no ha sido estudiado oficialmente. Tras el Desastre de Annual (1921), los afrikáners, entre los que se encontraba el entonces coronel Francisco Franco, se juramentaron en vengarse de aquella derrota y España pudo ser una de las primeras potencias que ?nadie desmiente? utilizó armas químicas contra la población civil para acabar con los milicianos marroquíes frente al colonialismo español.

El caso de Mola es peor, si cabe. El gobierno del general Berenguer le nombró director general de Seguridad, puesto desde el que organizó una dura represión contra los movimientos estudiantiles y republicanos. En 1932 fue separado del Ejército por connivencia con el fallido golpe de Estado del general Sanjurjo, pero un posterior gobierno de la derecha con Lerroux y Gil Robles le amnistió nombrándole jefe de la Alta Comisaría de Marruecos (1935), donde también participó en el Rif y Alhucemas hasta llegar a general por méritos de guerra.

Mola fue el instigador del golpe de Estado, desde Pamplona, conspirando con los militares más reaccionarios: Franco, Varela, Yagüe (el carnicero de Badajoz), Kindelán, Sanjurjo... hasta que asumió el mando del ejército del Norte, cargo en el que destacó por sus métodos de represión. Hasta el punto de ser acusado de crímenes de lesa humanidad, sobre todo en Navarra, donde el alzamiento fue un éxito rotundo y sin acciones represivas republicanas. Sí hubo oposición ideológica al general Emilio Mola y los suyos y, por ello, el número de muertos por la represión ideológica que este desató en Navarra fue cuatro veces superior a todos los muertos causados por ETA ¡en 50 años! Era el candidato de Hitler, por encima de Franco, para dirigir España. «No pensaba más que en matar», solía repetir el que fuera su secretario, José María Iribarren.

No solo es necesario recordar todo esto ante la reacción de sus familiares por la petición de exhumación de sus restos del monumento de Navarra «a sus muertos en la Cruzada», y porque nadie ha pedido perdón por los crímenes de estos dos canallas en particular ni del franquismo en general, todavía impunes, sin Memoria Histórica oficial. ¿Y los crímenes de la República? Pues no habrán estado veces en la palestra, y se habrán realizado todo tipo de desagravios, incluidas canonizaciones en grupo. Además, no nos olvidemos que se mantiene la aberración ética del Valle de los Caídos en El Escorial. Demasiada infamia para que siga en el limbo de los perdones pendientes.

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