26 de octubre de 2016

Reflexiones neurológicas sobre el Quijote

26.10.2016 | 04:12

Este año 2016 se conmemora el cuarto centenario de la muerte de Don Miguel de Cervantes Saavedra, ilustre escritor y embajador permanente de nuestra cultura a nivel internacional. Con estas líneas deseo rendirle un pequeño homenaje, aprovechando que El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha relata las andanzas de este entrañable caballero, cuyas desventuras podrían ser debidas a una enfermedad neurológica.
A lo largo de nuestra formación educativa hemos recibido interpretaciones y opiniones muy diversas sobre esta obra literaria. Algunos críticos han considerado que la intención de la obra era ridiculizar las novelas de caballería de la época. Otros, que el autor trataba de contrastar una visión idealista con otra más pragmática de la vida. Incluso se ha llegado a considerar que se trataba de una reflexión sobre la justicia y la fe.
Sin embargo, cuando un médico lee esta historia no puede por menos que observar que el protagonista padecía multitud de síntomas neurológicos, tales como: Ilusiones visuales (es decir, tener una imagen distorsionada de la realidad, como cuando Don Quijote veía gigantes en lugar de molinos de viento), alucinaciones visuales (ver algo que no existe en la realidad, como cuando mantiene una entrevista con el mago Merlín en la cueva de Montesinos) e incluso ideas paranoides de perjuicio (pensamientos falsos irracionales, como cuando los encantadores le impedían salir victorioso en sus enfrentamientos porque sus enemigos habían sido convertidos en ovejas). Todos estos síntomas le aparecieron a una edad avanzada de su vida y en forma de brotes, lo que sería compatible con el diagnóstico de una demencia.
A pesar de que la demencia más conocida por la sociedad es la enfermedad de Alzheimer, el cuadro clínico de Don Quijote podría clasificarse como una demencia de Lewy. Se considera otro tipo de patología porque las alteraciones cerebrales son diferentes pero en ocasiones ambas enfermedades afectan a un mismo paciente, sobre todo en fases avanzadas, lo que puede hacer que compartan algunos síntomas.
La demencia de Lewy es una enfermedad severa y de difícil manejo para los pacientes y sus familias. Presentan síntomas muy variados, como los mencionados anteriormente, a los que se pueden añadir alteraciones del sueño, signos parkinsonianos, síntomas depresivos, alteraciones de la memoria y desorientación. Si estamos atentos, más de uno de estos síntomas podemos encontrarlos durante la lectura del Quijote.
Por fortuna, desde hace unos años disponemos de tratamientos que son eficaces en las fases tempranas de la enfermedad, lo que mejora la calidad de vida de los pacientes. Sin embargo, no podemos olvidar que se trata de una demencia, y por lo tanto, de un proceso irreversible de mal pronóstico funcional y vital.
Actualmente, desconocemos si Cervantes se inspiró en alguna observación personal o todo fue obra de su desbordante imaginación. Sabemos que era hijo y nieto de cirujanos-barberos, los equivalentes a los médicos actuales, e incluso que Don Miguel ha sido considerado por algunos expertos como un escritor-médico. Por ello podríamos considerar El Quijote como una de las obras pioneras en la descripción de esta enfermedad de Lewy. Han tenido que pasar casi cuatrocientos años para su descripción médica actual, lo que otorgaría a esta novela una nueva dimensión a las ya múltiples reconocidas previamente.
Además, también podríamos considerarla una obra de actualidad desde el punto de vista socio-sanitario puesto que nos ayuda a «desdramatizar» la demencia lo que puede ser un buen mensaje para la sociedad ya que a pesar de todo continúa siendo una enfermedad estigmatizada.
Como sabrán los que hayan tenido el coraje de leer el libro completo, al final del mismo el protagonista se estabiliza tras ser vencido en dura batalla por el «Caballero de la blanca luna». Nosotros seguimos buscando a nuestro «caballero» en forma de tratamiento que nos permita «vencer» o al menos estabilizar la enfermedad. Entre tanto hemos de seguir utilizando nuestro «ingenio» para poder diagnosticar precozmente a nuestros pacientes, que se puedan beneficiar de los adelantos disponibles y pronto podamos escribir un artículo que se titule: La ingeniosa? curación de la demencia de Lewy.

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