26 de octubre de 2016

Acuerdos de libre comercio

26.10.2016 | 04:12
Acuerdos de libre comercio

La Unión Europea y sus socios norteamericanos, los Estados Unidos y Canadá, comparten los valores comunes de la democracia, los derechos humanos y la libertad económica y política, así como intereses comunes en materia de política exterior y seguridad. Sus economías combinadas representan cerca del 55 % del Producto Interior Bruto (PIB) mundial y un tercio del comercio mundial. Aunque los aranceles que gravan sus intercambios comerciales son casi inexistentes, no lo son las barreras no arancelarias (BNAs) que representan, según trabajos de Ecorys (2009) y Fontagne et al (2013), importantes costes adicionales sobre la producción, que en algunos sectores como agricultura y alimentación puede llegar al 14,2%.
Como es de sobra conocido, las autoridades de ambas economías negocian desde Julio de 2013 un acuerdo de integración de mercados, factores y servicios, la Asociación Transatlántica sobre Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés)), y ya existe un acuerdo a falta de ratificación sobre el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Canadá (CETA), bloqueado por la falta de apoyo interno en Bélgica, donde la región de Valona se resiste a su firma.       Un acuerdo sobre el TTIP supondría un aumento en el crecimiento del PIB del 0,90% adicional para la Unión Europea y del 0,72% para los Estados Unidos. Para España, quinta economía de la UE, su mayor efecto consistiría en facilitar el acceso a nuevos mercados de exportación para sus empresas, lo que elevaría sus exportaciones, producción y empleo. Su PIB podría aumentar anualmente en un 0,85% adicional.
A las dificultades de unas negociaciones donde hay que consensuar los intereses de una potencia económica como los EE UU con los de los veintiocho países de la UE, se añade las reticencias a ambos lados del Atlántico de una parte de la población descontenta con la globalización económica. Reticencias alimentadas desde posiciones populistas y demagógicas de los defensores del proteccionismo y del antiamericanismo, a las que no cabe admitirles solo ignorancia sino maquiavélico cálculo electoral.     La manipulación que a veces hacen de los acuerdos que allí se discuten, aún sin haberse aprobado en todos sus términos por los negociadores, nos induce a pensar que detrás de todo ello no hay más que intereses partidistas de nacionalismos de izquierda y derecha aun cuando digan que defienden los derechos de aquellos que más pierden por la difusión del capitalismo global. Globalización injusta, sí, en muchos casos, pero las desigualdades no se combaten cerrando fronteras a los estímulos a la inversión y al libre comercio sino fortaleciendo a las instituciones y a los organismos supranacionales para que regulen con eficiencia las disfunciones que provocan los mercados y busquen compensaciones a los sectores más perjudicados por estos acuerdos.
No caben barreras proteccionistas en un mundo cada vez más globalizado y en países donde el desarrollo económico alcanza cotas de prosperidad y bienestar nunca logradas. En la medida en que países en vías de desarrollo vayan convergiendo en tecnologías, industrialización y servicios con los más desarrollados, las fronteras han de abrirse eliminando aquellas medidas proteccionistas que hubieran sido necesarias implantar en su momento. El Acuerdo de Asociación del Pacifico (TTP, por sus siglas en inglés) son una buena prueba de ello. Los doce países firmantes del acuerdo bajo el patrocinio de los EE UU, y donde se encuentran países latinoamericanos como Perú, México y Chile, han visto aumentar considerablemente sus importaciones y exportaciones y relanzado sus economías nacionales. Todas ellas son economías abiertas e integradas en las cadenas comerciales globales.

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