21 de octubre de 2016
Tribuna

Proteccionismo

21.10.2016 | 04:05
Proteccionismo

El progreso económico de los pueblos descansa en la interacción de tres factores básicos: la división del trabajo, los incrementos de productividad y el tamaño del mercado. Lo escribió Adam Smith en 1776. Hoy lo definiríamos como especialización, innovación tecnológica y libre apertura al comercio internacional. Esta relación, que sigue estando de viva actualidad, es circular por cuanto la especialización y la innovación tecnológica mejora los niveles de productividad y por tanto la expansión de la demanda, condición para que, a su vez, la división y especialización del trabajo pueda seguir profundizándose.

También argumentó el autor de Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones que, para que ese progreso fuera posible, era necesario aumentar el stock de capital disponible a través de una mayor inversión productiva. El desarrollo y crecimiento económico, tanto ayer como hoy, se sustenta principalmente en las mejoras de la productividad, mejoras que provienen de una mejor especialización y en la acumulación e incremento del capital. Y son las políticas económicas de los gobiernos las que promueven esa especialización eliminando las trabas y obstáculos que existan al libre comercio, tanto en el mercado interior como en el internacional, así como en favorecer las inversiones a través de la libre circulación de capitales.

Esta visión dinámica de la economía también fue compartida por Ricardo, quien junto a Smith y Malthus son considerados los padres fundadores de la economía política. Ricardo y su teoría del valor, de la distribución y de las ventajas comparativas reafirman esta conclusión de política económica: con proteccionismo el beneficio tiende a caer, con lo que se impone la necesidad de aplicar políticas económicas que eliminen barreras y obstáculos no solo a la libertad comercial sino también a los movimientos de capitales.

Los orígenes de la Unión Europea (UE) están en los acuerdos de París de Febrero de 1951, donde un grupo de seis países europeos colocaron sus industrias del carbón y del acero bajo control supranacional. Con la entrada en vigor de los Tratados de Roma en enero de 1958 quedó establecida formalmente la Comunidad Económica Europea, y con el comienzo de la Política Agrícola Común (PAC), en julio de 1962, constituida la primera región del mundo una unión aduanera con una zona interna de libre comercio y un arancel externo común. El éxito en el crecimiento y el progreso de los seis estados que suscribieron el Tratado de París provocaron sucesivas adhesiones y ampliaciones hasta lograr una integración económica plena entre los 28 miembros que hoy la componen. El pensamiento económico de Smith y Ricardo, pero también la filosofía kantiana sobre la paz y el comercio estuvieron muy presentes cuando Monnet, Adenauer, Schuman y Spinelli, entre otros, fundaron lo que con el tiempo se ha demostrado como el resultado de un proceso notable de integración supranacional entre los estados-nación de Europa.

Parece que todo esto se ha olvidado y hoy impera la imbecilidad y el populismo. La demagogia se abre paso a través de una Europa que parece pedir una vuelta al proteccionismo y al cierre de sus fronteras. Las sociedades ya no quieren ser a abiertas y vuelven sus enemigos. Mal asunto.

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