Impresiones

El «jeu de paume» socialista

13.10.2016 | 02:53
El «jeu de paume» socialista

La Revolución Francesa tiene a día de hoy un origen poliédrico según la escuela y el historiador que la analice: desde la bancarrota del Estado absolutista francés producida por los gastos de la guerra colonial y la exención de impuestos a nobleza y clero, hasta el estallido de la revolución en el campo (le grand peur) contra un sistema feudal. Pero la explicación clásica no puede obviar la crisis originada en los Estados Generales convocados por Luis XVI, en los que los miembros del «Tercer Estado» se conjurarían contra el voto estamental existente que nobleza y clero se negaban a abandonar en favor del voto uninominal. Abandonando los Estados Generales se reunieron en el pabellón del juego de la pelota y juraron no disolverse hasta que no consiguieran el voto por cabeza.

Algo parecido a los sucedido en los Estados Generales, ha ocurrido en los últimos días en el PSOE y entre la militancia socialista. Tras la dimisión de su secretario general el pasado 1 de octubre y el nombramiento de una Gestora, al modo del «Directorio» de notables que unos años después de 1789, iba a restaurar el orden tras el proceso revolucionario, las bases se han conjurado para recuperar su soberanía.

Si los revolucionarios franceses reclamaron romper el orden estamental, los militantes socialistas quieren recuperar el voto por militante: «un militante, un voto», y romper con el abismo existente entre órganos superiores y bases, en un proceso que dentro de la terrible crisis abierta en el PSOE, acerque posiciones. Los militantes se han juramentado en las agrupaciones, y en las redes que actúan como los «clubs» donde los revolucionarios franceses se reunían a finales del XVIII, y tienen intención de no separarse hasta que la Gestora les devuelva la soberanía en forma de Congreso extraordinario, ese mismo que tumbó el último Comité Federal por escasos votos. Así han decidido, a la manera que Sièyes enunciara el juramento del Juego de la Pelota: «no separarse jamás, y reunirse siempre que las circunstancias lo exijan hasta que la constitución sea aprobada y consolidada sobre unas bases sólidas».

La solución sólo pasa por un Congreso extraordinario, al modo de la Asamblea constituyente de 1789, que reestablezca la soberanía de las bases y nuevas normas que democraticen un partido en estos momentos fragmentado. E indudablemente hay riesgo de escisión en el PSOE, como bien ha explicado estos días Borrell en antena, como lo hubo en el proceso revolucionario francés, entre los jacobinos, exaltados y partidarios de un Estado fuerte y centralizado y la burguesía girondino, partidaria del poder de la provincias poco después configuradas como Departamentos. Por su parte, los barones socialistas, después del «coup d'etat» se han encastillado en sus feudos, donde no han dudado ni por un momento en gobernar junto a los exaltados de Podemos al tiempo que le negaban esta posibilidad al secretario general federal.

Ciertamente, no sé cuál será el futuro del PSOE tras los pasados acontecimientos. Pero algún día se tendrá que convocar un Congreso, y algún día se tendrá que devolver la soberanía a la militancia, cada vez más enfervorizada (me notificaban que ya son 60000 las firmas a favor de la convocatoria del mismo), como se tendrá que decidir el modelo de un partido que se ha demostrado hasta ahora pasaba por ser más una confederación de pequeños partidos que una formación fuerte aunque con estructura federal. Personalmente no quiero una confederación, sino una estructura fuerte donde el secretario general tenga autoridad. Siempre me he sentido algo jacobino.

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