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Planeta de plástico

El material sintético no sólo aporta problemas a la naturaleza; ya forma parte de sus procesos

09.10.2016 | 20:25

El plástico no sólo envuelve nuestras vidas (aparece en todo tipo de enseres, recipientes y hasta en prendas de vestir); ya forma parte de la naturaleza. La paradoja se explica porque se vierte tanto plástico al ambiente que está en todas partes y ha acabado por incorporarse a los procesos geológicos (como elemento en la formación de rocas sedimentarias y convertido en guijarros por el mismo proceso de fraccionamiento y pulido que los auténticos cantos rodados) e, incluso, se ha colado engañosamente en las redes tróficas: los animales lo engullen, tomándolo por lo que no es (comestible), con consecuencias fatales.

Un estudio publicado recientemente en la revista "Marine Environmental Research" expone que el 97 por ciento de los residuos marinos que aparecen en el Mediterráneo son plásticos. Los muestreos aleatorios de materiales orillados en las playas de Asturias evidencian igualmente su predominio (por abundancia y por resistencia a la degradación). Hay plásticos de tamaños muy variados flotando o sumergidos en el océano, pero en todas las muestras se recogen microplásticos, fragmentos de cinco milímetros o menos, los más peligrosos porque se multiplican sus vías de entrada en las redes tróficas y sus posibilidades de llegar a los consumidores humanos. Y es una puerta franca: no hay controles de esa contaminación porque hasta ahora no se le ha dado importancia.

La isla de plásticos que flota en mitad del Pacífico y cuyo tamaño duplica la superficie del Estado de Texas (y sigue creciendo) es una imagen tan insólita como elocuente, aunque sólo representa la punta del iceberg. La sociedad moderna produce tanto plástico (una de las señas de identidad del Antropoceno) que es imposible gestionarlo sin que salpique la naturaleza, en la que provoca diversos problemas, si bien ésta ha ido desarrollando formas de tolerarlo, asimilarlo e, incluso, aprovecharlo. Así, algunas aves han aprendido a darle una aplicación positiva, como los machos de los pergoleros de Australia y Nueva Guinea, que decoran con plásticos sus emparrados (escenarios minuciosamente dispuestos para seducir a las hembras), y el milano negro, que añade residuos plásticos a los nidos como una señal de advertencia de sus habilidades para el combate. No dejan de ser anécdotas: la balanza pesa mucho más del lado negativo.

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