30 de septiembre de 2016
30.09.2016

Algo tiene el agua cuando la bendicen

01.10.2016 | 01:59
Algo tiene el agua cuando la bendicen

Todo el mundo conoce el dicho y no es necesario abundar. Yo quisiera buscar un símil entre Orihuela, sus gentes y ese río de aguas convencidas y taciturnas que lleva. Nacen con alegría, con una gran vistosidad y con la mirada puesta en ese futuro que le espera y del que está convencida. Pero pronto y no hay que llegar muy lejos, las aguas se duermen en los laureles pensando en lo que eran y caen tranquilas y silentes, a veces escasas, hasta morir sin pena ni gloria en una desembocadura que agoniza. De vez en cuando alguien echa una mano y le lava la cara dejándola sonreír de soslayo, pero pronto se da cuenta que esa benevolencia no es gratuita. Siempre es a cambio de algo. Es entonces cuando se produce la medalla y la prebenda, para pasar al olvido y continuar con el mismo ritmo. Y es que, agua que no has de beber, déjala correr, déjala, déjala (como diría Sara Montiel).


Así está Orihuela, manteniéndose, y no sabemos hasta cuándo seguirá recibiendo esas bendiciones porque todo a su alrededor se cae, destruye, rompe, desmorona y olvida. Orihuela, nuestra Orihuela de siempre, la «del Señor» se mira en dos fenómenos: La Semana Santa (de Interés Turístico Internacional) y La Reconquista (en vías de declararla también de interés ¡Dios sabe qué!).


De la Semana Santa son muchas las tradiciones y costumbres que están desapareciendo para añadirle otras que, sin menosprecio, no nos dicen nada. La música siempre es hermosa y nos apasiona a los oriolanos. Nuestra imaginería, tronos o la orfebrería que le acompañan, siempre han sido con ese carácter levantino que es donde vivimos y ¿quién ha conseguido esos logros?. ¿A qué vienen a disfrazar nuestros pasos con sevillanas, malagueñas, que son maravillosas y de una fantasía incomparable?. ¿A qué viene la idea de adoptar marchas y formas sureñas?. Me encanta Andalucía, su pasión y esmero por la Semana Santa, pero por eso, porque ellos no permiten intrusos en sus manifestaciones. Son andaluces y seguirán siéndolo en formas y fondos. Quiero escuchar mis toques de clarines, mis gemelas, mi turuta, mi arroz con col, la Diana a Nuestro Padre Jesús,... y tantas otras adoptadas por su grandiosidad y antigüedad (Jesús Preso, España llora, Mektub, Tosca,...)


Esta es mi Semana Santa y no quiero renunciar a ella. No perdamos nuestra identidad, sería una locura. En cuanto a la Reconquista, creo que van caminando por vías «ferratas». Además de todo ese bagaje folclórico que la sustenta: desfiles, galas, cuartelillos,.. tiene un componente histórico y cultural al que apenas prestamos atención. Todo lo que hacemos alrededor de su historia, de sus signos de identidad (Oriol, Armengola, Castillo,?) no son más que pretextos añadidos a la desmesura y al descontrol fruto de un desconocimiento ingrato de nuestro pasado. La Reconquista es mucho más. Algunos lo entendieron pero fueron silenciados con el olvido. Y queremos declararla de interés turístico, ¿qué podemos ofrecer?.


Podría añadir aquí una lista de deficiencias y barbaridades que se cometen, pero la ropa sucia se lava en casa. Solo plantearé una gran queja por lo visible que es: Los museos de Semana Santa y de la Reconquista. Oriolanos, estamos enseñando a los turistas, a los que se creen lo de Declaración Turística, dos almacenes: uno de tronos vacíos con algunas imágenes alineados a un lado y otro de ropajes viejos y algunos cuadros colgados. Para qué más. Mientras tanto, muchas poblaciones vecinas, con la décima parte de lo que tenemos están haciendo grandes cosas y grandes obras. Y es que la mayoría sí que sabe que: «Algo tiene el agua cuando la bendicen».

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