20 de septiembre de 2016

Papá, quiero ser youtuber

04.10.2016 | 18:42
Papá, quiero ser youtuber

La primera vez que lo escuché no acababa de entenderlo, me lo contaban varios chavales y aquello era un barullo: la noticia que les indignaba era que YouTube estaba censurando a los youtubers. Ver a unos chicos de diez años hablando de censura e injusticia con todas sus letras y enfurecerse por las cortapisas a la libertad de expresión me dejó algo perplejo, así que me fui a la red a buscar respuestas y las hallé. No es exactamente así. Los youtubers, para decepción de muchos progenitores, podrán seguir utilizando, quienes lo empleen claro, el lenguaje vulgar, soez y ofensivo que quieran, pero si así locutan sus vídeos la plataforma les advertirá de que no les pondrá publicidad, una de sus principales fuentes de ingresos, pero no la única. No es censura, pero es una forma de controlar sus contenidos: vamos, que YouTube no ha inventado la rueda, pero aquellos vídeos con «contenidos inadecuados para los anunciantes» no serán monetizados. No impedirá la emisión de vídeos con «desnudos, chistes verdes, violencia, atentados, incitación a la venta de droga, tabaco...» y un largo etcétera de corrección política, pero no se les incluirá en el programa de obtención de ingresos. Muy distinto a la censura pura y dura de Facebook con los cuerpos desnudos. Algunos críticos han querido ver en este paso del gigante digital un ejemplo más del presunto pinchazo de la burbuja youtuber tras el traspiés de JPelirrojo en redes, que le costó su contrato con Nestlé, y otros errores de imagen de sus colegas. No lo creo. Si los jóvenes, y aquí entran los que tienen entre 6 y 30 años, e incluso algunos más, ya no quieren ser futbolistas y prefieren ser youtubers le auguro un gran porvenir a la burbuja. Pasarse todo el día jugando, haciendo vídeos en primera persona contando lo que te dé la real gana y que te paguen una pasta gansa no tiene rival en las preferencias laborales de nuestros vástagos. Ayer volví a ver a los chicos indignados pero ahora su enfado venía por otro asunto colateral. «¿Sabes que los paparazzi están persiguiendo a El Rubius?», me espetan. «No le dejan hacer su propia vida y le quieren hacer fotos con su novia», me cuentan, enfadados con los fotógrafos que se meten en los asuntos privados de su youtuber favorito, un veinteañero con más de 20 millones de seguidores y millonario. ¿Quién quiere ser Messi?

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