Tribuna

La deslealtad de la traición

08.09.2016 | 04:42
La deslealtad de la traición

La deslealtad y la traición son, pues, los actos más graves que hay y por los que la sociedad todavía demuestra una mayor repulsa dada la imprevisibilidad del acto. El traidor actúa cuando su víctima está desprevenida

Uno de los grandes defectos del ser humano es el de la deslealtad. Y esta se pone de manifiesto constantemente en muchas de las esferas de la sociedad. Se produce en las relaciones entre las personas cuando una de estas traiciona la confianza que uno o varios han puesto en ella y realiza un acto que debe ser definido como traición. Porque esta es la forma en que se manifiesta la deslealtad. Además, se pone de manifiesto en distintas esferas privadas, pero en muchas ocasiones en la actividad política, que es una de las esferas de la sociedad donde los responsables públicos en más ocasiones han visto como hasta los propios realizan actos de deslealtad.

Por eso decíamos antes que este es uno de los grandes defectos de la humanidad y uno de los más graves, porque arranca de un acto inicial de la confianza que se deposita en quien luego te traiciona. Y en estos casos la gravedad del acto es mayor que si se tratara de un ataque normal de una persona a otra aunque sea sin razón o motivo. Y esto es así porque en este caso podrá afectarte, obviamente, este daño ocasionado, pero cuando se produce desde una persona en quien habías depositado tu confianza el impacto del daño todavía es mayor, porque moralmente la traición provoca un efecto superior negativo que el ataque de una persona a otra con la quien no hay una relación previa, o aunque exista esta, no parte de una previa relación de confianza depositada por la víctima en la persona que más tarde le traiciona

Muchísimos han sido los ejemplos en la humanidad desde el primero de Judas que traiciono a Jesucristo, como el referente de lo que no se debe hacer en la vida. Te puede hacer daño cualquier persona, pero si este se produce por alguien de tu entorno más cercano el impacto lesivo del daño es infinitamente mayor que si te lo causa alguien ajeno a ti. Y ese entorno puede ser tanto el familiar como el de los amigos o en el grupo profesional.

Así las cosas, si un familiar, un amigo o una persona relacionada contigo profesionalmente te traiciona el daño es mayor, porque por esa relación de confianza que existía las defensas de la posterior víctima están más vulnerables o desprotegidas que cuando se actúa con un tercero, ya que los actos con ajenos siempre están más rodeados del cuidado, la desconfianza, o simplemente de la adopción de una serie de cautelas que no se duelen adoptar con quien está en «tu círculo más cercano».

Fíjese el lector si esta sancionada en derecho la confianza cuando esta es atacada en la relación entre las personas que, incluso, el Código Penal considera una agravante de la responsabilidad criminal en un hecho delictivo el abuso de confianza. Y precisamente por eso, porque la víctima nunca se podrá esperar del autor del hecho un ataque como el causado ante la relación de confianza que puede existir que evita que la víctima se proteja ante quien le ataca, cogiéndole, por ello, desprevenido.

La deslealtad y la traición son, pues, los actos más graves que hay y por los que la sociedad todavía demuestra una mayor repulsa dada la imprevisibilidad del acto. El traidor actúa cuando su víctima esta desprevenida, cuando no se lo espera, y cuando, por ello, está más desprotegido ante lo inesperado del ataque. Y cuando este se produce el daño es tan directo y despiadado que la capacidad de respuesta inmediata es reducida, ya que la víctima tardará en reaccionar, aunque deberá hacerlo con las vías que el ordenamiento jurídico pone en sus manos, ya que los traidores no deben ver impunes sus actos. Precisamente por ello el derecho sanciona más gravemente estas conductas que las normales.

Por todo ello, comentamos que en la sociedad deben rechazarse con mayor contundencia los actos de traición que otros, precisamente por el carácter inesperado para la víctima del ataque, y por el aprovechamiento que siempre supone en la conducta del autor ese abuso de la confianza que se utiliza como medio para la ejecución del acto. De ahí que en el orden penal suponga una agravación de la conducta que conlleva una elevación de la pena. Y ello, por el mayor reproche social y jurídico que debe llevar consigo un acto de traición, una deslealtad, o un acto realizado con abuso de la confianza puesta por una persona en otra. Algo que no se puede ni debe consentir.

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