03 de septiembre de 2016
03.09.2016
Impresiones

Enseñanzas de las fiestas de nuestros pueblos

03.09.2016 | 04:20
Enseñanzas de las fiestas de nuestros pueblos

En recuerdo de Pepe Monleón

Este año en la ciudad italiana de L'Aquila, se han suprimido los festejos tradicionales que acompañan la celebración de la «Perdonanza», en solidaridad con las ciudades y pueblos vecinos que han sufrido las consecuencias de un terrible terremoto. Hace nueve años era esta ciudad la que sufría la misma tragedia. La fiesta de la «Perdonanza» tiene su origen el año 1296, con motivo de la entronización del Papa Celestino V, un monje que vivía retirado en aquellas tierras y que fue requerido para ocupar el pontificado, ya que desde la muerte del Papa habían pasado más de dos años, sin que los electores se pusieran de acuerdo. El pontificado de Celestino V fue muy breve, precisamente ha pasado a la historia por ser el precedente más conocido de que un papa renunciase, antes de que lo hiciese Benedicto XVI. La primera disposición que tomó aquel Papa de la época medieval, fue promulgar una bula en la que se concedían las indulgencias a todos los que se arrepintieran sinceramente y acudiesen a cumplir el rito establecido del jubileo en la basílica de Santa María de Colemaggio, sin que hubiese que aportar cantidad económica alguna: una medida revolucionaria pues en aquella época, es sabido, cómo la Iglesia se aprovechaba de las indulgencias para obtener grandes cantidades de dinero que iban destinadas a la construcción de grandes edificios, en un momento en que sus altos dignatarios llevaban una vida suntuaria, claro, quienes más padecían la situación eran los pobres. Naturalmente la medida tuvo la aceptación del pueblo y parece que muy poca de aquellos altos dignatarios. El Papa dispuso que el custodio de aquel documento papal fuese el Ayuntamiento de la ciudad. En la época medieval se decía que en las ciudades se respiraba el aire de la libertad y en el espíritu de la época aquella bula era un documento que ratificaba las aspiraciones de los ciudadanos. Como suele ocurrir con frecuencia, quien se mete a redentor acaba crucificado y ciertamente, mal acabó aquel Papa, a quien no dejaron tranquilo después de retirarse a una vida eremítica. El ejemplo de su vida era la denuncia más fuerte ante los poderosos. Incluso parece que no le dejaron en paz ni después de muerto, pues a lo que dicen, el propio Dante en la Divina Comedia le envía al infierno. El pueblo no le olvidó nunca y todos los años en la ciudad de L'Aquila se sigue celebrando el jubileo de la «Perdonanza» que como aquel Papa quería, se lleva a cabo en un ambiente festivo. Entre dichos actos destaca el cortejo de la Bula, una procesión que sale del Ayuntamiento la noche del día 28 de agosto, víspera de la fiesta del martirio de San Juan Bautista, en la que se traslada el documento hasta la basílica de Santa María de Colemaggio, lugar en el que se venera el cuerpo de aquel Papa. En el cortejo hay una representación muy vistosa en la que se recrea la vida ciudadana de aquella época y a lo largo del recorrido, se interpretan una serie de cantos. El año 1994, con motivo del Festival de Teatro y Música Medieval de Elche, que cuatro años antes pusimos en marcha en nuestra ciudad, entramos en contacto con aquella ciudad y el punto de unión entre las dos ciudades de Elche y L'Aquila era el sentido cívico de la fiesta, teniendo en cuenta claro está el motivo religioso. La custodia civil de aquel privilegio y la defensa que del Misteri hizo el antiguo concejo municipal de la villa de Elche, que desde antiguo quería tener el título de ciudad y que a través de sus manifestaciones más simbólicas, reivindicaba un elemento esencial en las ciudades de Europa: la libertad.


Dos motivos me han llevado a escribir estas líneas, el uno el recuerdo afectuoso a una ciudad que sufrió tanto debido a la tragedia de hace nueve años y que ahora se solidariza con sus pueblos y ciudades vecinas en la situación no menos dramática de hace poco más de una semana. El otro en recuerdo del recientemente desaparecido José Monleón, este gran intelectual que tanto luchó por la libertad en nuestro país. A José Monleón le debemos aquel contacto con la ciudad de L'Aquila en el marco del Festival de Teatro de Elche del que él en aquellos años fue su director, lo que por cierto no he visto reflejado en ninguna de las crónicas que se le han dedicado. Creo que el poner de manifiesto este sentido de la libertad que anida en las tradiciones más antiguas de nuestros pueblos, es el mejor homenaje que le podemos desde aquí dedicar a José Monleón.


Son muchas las lecciones que podemos sacar de la vida de nuestros pueblos. Tal vez recordando la fiesta que comentamos, valdría la pena sacar a colación que aquel Papa, tan cercano a la gente, teniendo en cuenta que él fue llamado al pontificado porque había pasado tanto tiempo sin que los electores se pusieran de acuerdo, endureció las normas del cónclave, para que privados los electores, tanto de sus rentas, como mermando la comida que se les daba cada día que pasaba sin resolver el gobierno de la Iglesia, tomasen en serio la función que tenían encomendada. Aquello parece que surtió efecto. Sin mimetismos, pero creo que valdría la pena recordarlo en nuestros días.

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