02 de septiembre de 2016
02.09.2016

Filiales

02.09.2016 | 04:13
Filiales

En épocas pasadas los filiales eran pocos, casi exclusivamente de los equipos de campanillas, y por supuesto no existían los patronímicos de hoy en día que, con la imaginación desbordante que desprenden los clubes, acaban siendo casi todos apellidados B con el mismo nombre que el padre de la criatura, excepciones hechas de los Castilla o Mestalla, y alguno más que quedará en el tintero. Eran tiempos en que los filiales no eran siempre fijos, el Hércules llegó a tener como filial, durante una temporada, hasta a su rival capitalino el Alicante, y con posterioridad al Español de San Vicente. Quien no recuerda al Plus Ultra, donde jugó Luis Aragonés, filial del Real Madrid, o al Condal, del Barcelona, que llegara a militar en la Primera División. Los jugadores con proyección normalmente iban cedidos a equipos de menor categoría, asegurándose el club de procedencia su formación para dar el salto al primer equipo.


El propio Luis Aragonés, estuvo cedido por el Real Madrid en el Hércules y en el Oviedo. El Barcelona también mantuvo buenas relaciones con el club herculano, sin duda para ello servían las cesiones hoy en día tan complicadas y con las cláusulas de enfrentamiento, cuando por ejemplo vino a jugar a La Viña el añorado Torres, que formara medio campo con Paqui. Antiguamente no existía el pozo de la Segunda B, de ahí que los equipos grandes, antes que sus jugadores jóvenes jugaran en tercera, los cedían a conjuntos que compitieran en la Segunda que constaba de dos grupos. La división de bronce, o cambia de formato, de estructura, de número de equipos y fórmula de ascensos y descensos, o seguirá constituyendo la ruina de muchos equipos, que se ven presos en una categoría que no les corresponde, ni en la que pueden subsistir.


Las dificultades para ascender a la categoría de plata del futbol español son evidentes: únicamente suben cuatro de ochenta equipos tras unas eliminatorias que incluyen a dieciséis, los cuatro primeros de cada grupo, y si no te proclamas campeón de grupo, el camino pasa por superar tres eliminatorias consecutivas. Un despropósito que tiene sus raíces en el formato de la categoría arriba mencionado y expuesto a la consideración de aficionados, clubes y federativos. Si a todo ello añadimos la inclusión de los equipos filiales de clubes de superior categoría, configurados con jugadores jóvenes que no tienen los problemas deportivos y personales de los de más edad y experiencia, que tienen que velar con más ahínco por su profesión, por su medio de vida, que, por su proyección, la adulteración de la competición está servida. Ni es bueno para los clubes que pretenden sanear sus economías ascendiendo de categoría, o en el caso de otros mantenerla para su supervivencia en la sub-élite profesional, ni lo es para esos jóvenes promesas que tienen que adquirir conocimientos por esos campos de dios, pudiendo hacerlo en equipos que militen en superior categoría, o como hacen en la Premier inglesa, donde se juega una Liga paralela con los llamados segundos equipos, formados por promesas que esperan dar el salto al primer equipo.


En el grupo tercero, el del Hércules, hubo años en los que los filiales sumaban la mitad de los integrantes de la tabla clasificatoria, en la actualidad son seis, igual número que en la campaña pasada, y como en la anterior dos de ellos son a priori rivales directos de los blanquiazules para el ascenso y puestos de promoción, Barcelona B y Villarreal B, sin obviar el potencial de los Mestalla o Espanyol B. La anterior temporada, los blanquiazules de los 36 puntos posibles en enfrentamientos directos con los filiales, únicamente lograron 19, escaso bagaje para quien aspiraba a liderar la clasificación.


Para muchas cosas la Premier puede ser un espejo donde debiera mirarse la LFP, tema independencia arbitral, reparto de dividendos de las televisiones, incluso horarios, pero en el caso de los filiales, urge un cambio radical de tratamiento que termine con este adulteramiento soterrado de la competición imitando la formula británica. Competición paralela a la Liga con los equipos reservas de cada club que milite en la máxima categoría. Los filiales a competir entre ellos.

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