En terapia

La psicología del dolor

31.08.2016 | 03:42
La psicología del dolor

Aunque podemos llegar a quitarle importancia, lo cierto es que el dolor psicológico causado, por ejemplo, por el fin de una relación amorosa o la muerte de un ser querido, puede llevarnos incluso a la muerte, como demuestran estudios recientes. En efecto, el dolor emocional puede propiciar la pérdida de hormonas que provoquen una embolia repentina, o bien volverse crónico. En este caso las relaciones sociales de la persona afectada tienden a disminuir, del mismo modo que su eficacia en el trabajo o estudios, y tal vez llegue a abandonarlos. Puede que tampoco se sienta capaz de cumplir las expectativas de sus seres queridos y se aísle. Hasta sus principios vitales pueden tambalearse y se cuestione el sentido de su vida.

Existen diferentes modos de experimentar el dolor. Hay quienes padecen un dolor enorme por un daño, en principio, leve, y quienes apenas sienten nada cuando son heridos de gravedad, por ejemplo, en mitad de una pelea. También existen personas que padecen insensibilidad congénita al dolor, es decir, que no pueden experimentar dolor por muy grave que sea el daño.

El dolor tiene la función de avisarnos para que activemos mecanismos que reduzcan el daño físico que hemos sufrido. Se trata de una experiencia terrible, y por ello es normal tenerle miedo. Pero puede que ese miedo nos lleve a modificar en extremo nuestra vida, incluso más allá de lo necesario. Aparece entonces la impotencia, la depresión, el estrés...

También es importante distinguir ente dolor y sufrimiento. El sufrimiento es una reacción afectiva producida por un estado emocional. Sufrimos con la pérdida de un ser querido, con el miedo a que nos ocurra una desgracia o cuando nos enfrentamos a una amenaza grave. Pero la reacción emocional asociada al sufrimiento puede ser mucho más intensa e insoportable que un fuerte dolor físico, propiciando sentimientos insoportables que se mezclan y se hacen indistinguibles del propio dolor. Todo ello supone un círculo vicioso: modificamos nuestra respiración, nuestra postura o incrementamos la tensión muscular lo que, poco a poco, genera nuevos problemas y aumenta el dolor.

La recomendación es, en primer lugar, aceptarlo. Ello nos permitirá comprometernos con un tratamiento. Así mismo, aprender a gestionar el estrés (la relajación y el biofeedback nos enseñan a alejar tensiones dañinas en nuestro cuerpo), comer bien, dormir las horas suficientes y participar en actividades físicas aprobadas. Generar pensamientos positivos, no aislarse, sino participar, y buscar apoyo en un grupo de autoayuda o en un psicoterapeuta.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine